La Sucá de Bibi

Estamos festejando Sucot, la fiesta de las cabañas. Según la tradición judía, el espíritu de los patriarcas Avraham, Itzjak, Yaacov, Iosef, Moshé, Aarón y David visita las Sucot; es en base a dicha tradición, que los judíos acostumbramos a recibir visitas ("Ushpizin") en nuestros tabernáculos.

Ante el panorama actual, ¿quiénes y porqué visitaron la Sucá de Binyamín Netanyahu?

Por Alberto Mazor

Barack Obama

Son tantos los fracasos en las negociaciones entre israelíes y palestinos que se realizaron por iniciativa de EE.UU, que la expresión «proceso de paz» se convirtió en un eufemismo incapaz de suscitar demasiadas esperanzas. Sin embargo, entre las razones que avalarían un más que tibio optimismo, hay que subrayar el renovado compromiso de Obama en encontrar una solución al conflicto. La implicación directa del mandatario norteamericano sigue siendo la condición necesaria para alcanzar un acuerdo, por más que no resulte en absoluto suficiente.

Obama expresó su confianza en que esta ronda de tratativas sean definitivas y conduzcan, en el plazo de un año, a un acuerdo para la creación de un Estado palestino.

Tanto Binyamín Netanyahu como Mahmud Abbás fueron arrastrados a la mesa de negociaciones en un tiempo que ni para uno ni para otro parece ser especialmente propicio. El momento lo determinó Obama por dos razones. La primera, el inminente fin de la moratoria israelí en la construcción de nuevas viviendas en los asentameintos en Cisjordania. Sólo el argumento de unas negociaciones en curso, y una fuerte presión del presidente de EE.UU, puede conseguir que Bibi acceda a una prolongación de la misma.

La segunda es del todo ajena a Oriente Medio: en noviembre hay elecciones parlamentarias en EE.UU, y Obama necesita ofrecer, economía al margen, algún tipo de éxito diplomático.

La reapertura del proceso en estos momentos entraña serios riesgos. Un nuevo fracaso supondría una derrota personal para Obama, flamante Premio Nóbel de la Paz, y tal vez algo mucho más grave para israelíes y palestinos: las negociaciones que desembocan en nada han suscitado, en el pasado, frustración y rebrotes graves de violencia.

Mahmud Abbás

La irrupción del islamismo religioso, integrista y radical de Hamás y Hezbolá – y de sus patrocinadores – en el confuso y sangriento teatro de operaciones, ha reemplazado al nacionalismo y al pragmatismo de la OLP, constituida como movimiento palestino de liberación en su conflicto con Israel.

Entre las consecuencias inmediatas está la debilidad extrema del presidente palestino, Mahmud Abbás, no sólo ante el aventurerismo de Hezbolá o Hamás, sino también ante la extensión de la influencia chiíta proveniente de Irán. Por otra parte, los acuerdos de Oslo de 1993 y el plan conocido como «Hoja de Rutas» están desacreditados.

Hamás y Al Fatah de Abbás se encuentran enfrentados en una guerra civil abierta. Todos los intentos de negociaciones para llegar a un posible acuerdo entre las partes, fracasaron.

El punto positivo es que Abbás está dispuesto no sólo a un acuerdo con Israel, sino a aceptar la limitación geográfica acordada en 1967 con ciertos arreglos territoriales; eso a condición de que Jerusalén Oriental, y no un barrio cualquiera de Ranmallah, sea la capital del futuro Estado palestino. Además, no acepta que Israel mantenga bases en la ribera occidental del Jordán y propone que dichos puestos  de control, que los israelíes consideran imprescindibles para su seguridad, sean gestionados por la OTAN o la ONU. En cuanto a la desmilitarización del Estado palestino hay diferencias, pero no parecen ser insalvables.

Corresponde entonces a Bibi otorgarle, con mucha discreción, el oxígeno necesario para poder medirse con sus conflictos internos.

Mahmud Ahmadinejad

Las aspiraciones del presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad, a que su país sea reconocido como una potencia regional han sido un motor en el constante movimiento para luchar por un poder real consecuente con su potencial económico y demográfico. Es en este contexto donde se ubica su programa de desarrollo nuclear que tanto preocupa a Israel y a la comunidad internacional.

En sus reuniones privadas con altos mandatarios en todo el mundo, Netanyahu deja bien claras las intenciones de este negacionista del Holocausto. Pero los esfuerzos de Bibi por detener dicho proceso chocan, por ahora, con condiciones adversas: Obama oculta los naipes y existe una gran falta de contrapeso regional, eso además de la alta dependencia de los grandes consumidores de petróleo y las inversiones que países como Rusia, China y algunos miembros de la Unión Europea tienen en la república islámica.

De ahí la poca viabilidad para un consenso sobre sanciones que realmente logren presionar a Ahmadinejad, quien exporta su fundamentalismo a lugares como Líbano y Gaza donde los nexos con el chiísmo permitieron el nuevo florecimiento de Hezbolá y el rearme de Hamás después de los últimos conflictos armados con Israel.

En este caso, el tiempo no juega a favor de Bibi.

Bashar al Assad

En caso de que Netanyahu y Abbás consigan reanudar un proceso exitoso de negociaciones, la influencia de Siria en la zona diminuiría considerablemente. Eso lo entiende muy bien el presidente Bashar al Assad, pero podría hacer poco y nada por evitarlo.

El problema para Bibi es que bajo dichas condiciones, un líder aislado puede ser peligroso, sobre todo si continúa abrazado con otro líder aislado como ya es Ahmadinejad.

Así, uno tras otro, los «invitados» fueron desfilando en la Sucá de Bibi.

Cuentan que en cierta ocasión le dijeron al Gran Rabino Menajem Mendel de Kotzk que otro gran rabino afirmaba ostentosamente que podía ver cada aňo, y en forma personal, a todos los «invitados ilustres» en su Sucá. El Rabino Menajem Mendel replicó: «Yo personalmente nunca los veo, pero no tengo dudas en aceptar la sentencia de nuestros sabios de bendita memoria, quienes aseguraron que no conviene ignorar a ninguno».

Ojalá que también Bibi aprenda de nuestros sabios.

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