Primer círculo de varones judíos: un poco de lo que nos dejó.

El domingo 30 de junio hicimos el primer círculo de varones de la comunidad judía. Entre preguntas y algún que otro ensayo de respuestas, el eje estuvo puesto en repensarnos como sujetos que encarnamos un mandato de masculinidad. Asumimos la voluntad de dejar de sostenerlo, como tarea principal para atravesar esta ola. Pero, intentamos reconocer también nuestras propias limitaciones en esa labor.
Por Varones de Amos (Agrupación judeo-argentina por el cambio político y social)

Domingo de esos que el frío duele. Seis de la tarde. Una mesa llena, con alguna que otra cosa para picar. Los termos cargados y los primeros mates girando. La primera ronda era para presentarnos. 13 pibes buscando un espacio para andá a saber qué. “Quiero repensar la masculinidad”, “quiero saber de qué se trata”, “es la primera vez que participo de uno”.

Los círculos de varones surgieron como un intento de hacernos cargo de este momento de incomodidad. Sincerarnos con lo que nos pasa, algo tan poco común en las masculinidades ya armadas, para hacer y deshacernos. No como mera catarsis, no se trata de lavar culpas y llevarnos el título de la deconstrucción, sino que implica todo lo contrario. Un espacio para contar las cagadas que alguna vez nos hemos mandado y ponerle una renuncia más, o para volcar las preguntas que nos surgen de no saber qué hacer en hoy en día. Es que las pibas nos están haciendo entender que nos construimos desde un mandato opresor y sabemos que esto ya no lo queremos más. Y caer en la cómoda, en la de pedirle a ellas que nos marquen cada cosa que venimos haciendo mal, es volver a reproducir el machismo que criticamos. El círculo intenta hacernos salir de ese otro mandato, juntarnos y volver a pensar. Acá, también, desde otra intersección que nos convoca: lo judío.

Se reparten hojas. La consigna es muy simple: leemos un par de frases y si alguna vez lo hiciste sumás un palito de un lado, si nunca lo hiciste sumás un palito del otro. “Me he callado ante el comentario machista de un amigo” varios piensan  y anotan. “Cuando mantengo relaciones sexuales estoy pendiente de lo que le pasa a la otra persona (atiendo a si le está gustando, intento explicitar algunas cosas necesarias, busco el consentimiento, etc)” mucha duda, se anota. Al final de las 23 frases, cada uno cuenta, dan los promedios.

Se trata de repensar nuestra habitualidad. Ya sabemos que vivimos en un sistema patriarcal, nadie negaría que las mujeres acceden a peores trabajos, que se las inferioriza en muchas actividades, que sufren mayores violencias, el tema es que eso está conectado con cómo nos comportamos. Ese nivel tan macro, estructural, está encarnado en nuestras prácticas cotidianas. Repensarnos en lo micro es una tarea necesaria para dejar de alimentar todo eso.

“Hablemos de las sensaciones que nos generaron esas frases, si alguna vez lo habíamos pensado como machista, qué nos pasó”.

Se plantea el tema de los chistes entre amigos, de la complicidad machista, de apartarse de algún grupo por las actitudes que se reproducen, de esa constante crítica hacia el varón. “Tiene que ver con ponernos en un lugar secundario, siempre. Incluso cuando creamos que no es tan necesario”. “No educar hacia la vergüenza, sino hacia la incomodidad. La vergüenza inmoviliza, la incomodidad nos invita a repensarnos”.

Casi sobre el final vuelve a salir la pregunta: ¿cómo llevarlo a la comunidad judía?. Se escucha una risa, “estaba pensando en eso pero no se”. Otro compañero interviene. “Es un problema que la dirigencia de nuestras instituciones es masculina. A nadie se le pasa por la cabeza hoy pensar en una presidenta mujer de la DAIA o de AMIA, y eso es un problema. Recién hubo un pequeño revuelo con lo de Cohen Sabban pero aún así se intentó tapar”. “Es que también tiene que ver con nuestra historia: la matriarca ya le servía al patriarca”, dice otro. Otra intervención fue por lo micro: “no me interesa tanto las instituciones como esas, siento que ya están perdidas, más bien me preocuparía por las nuestras, las más pequeñas”. ¿Seguir educando en y hacia la masculinidad hegemónica? ¿Seguir reproduciendo las lógicas del dispositivo masculino en nuestros espacios de la comunidad? ¿No deberíamos cortarnos un poco más el mambo entre nosotros?

De acá nadie se va más deconstruido, todo lo contrario. Salimos varones. Ocupamos un lugar en un orden social que nos llena de privilegios todos los días. Podemos decidir no ejercer algunos, los que logremos atajar y ponerlos en el plano de lo consciente, pero no dejamos de estar en el lugar de opresor. “Creer que salimos de acá deconstruidos es el peor error, sería volver a ejercer el mandato opresor pero de forma más inconsciente, creyendo que lo tenemos saldado, lo cual sería peor”. Nos vamos con más preguntas, en jaque con nosotros mismos, con la voluntad de seguir pensándonos. Para eso nos pasamos los números, armamos un grupo de whatsapp y… esta historia continuará.

¡Si querés sumarte al próximo círculo de varones judíos escribinos a [email protected] !