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 MEDIO ORIENTE
26/02/2018
Túnez y sus revoluciones

Resulta importante dar cuenta de la fuerte presencia e influencia de ISIS y Al-Qaeda en Túnez, extendida nacionalmente y en todas las regiones, lo que supone una advertencia de seguridad y estabilidad no sólo para ese país sino para toda la región, con la consecuente extensión a Europa.
Por Flavio Goldvaser

Debemos aclarar, como palabras introductorias, que en este breve artículo sobre la situación política y social en Túnez no pretendemos ni debemos adentrarnos en una discusión filosófica sobre las diferencias entre el mundo Occidental y el Oriental. De lo contrario perderíamos el análisis de situaciones puntuales que queremos detallar y que probablemente evolucionaran, en un futuro cercano, en forma violenta.
Nos sumergiremos en terrenos que merecerían otro tipo de escenarios para su desarrollo y de los que sólo haremos una referencia pasajera para poder comprender el devenir de la situación cada vez más caótica en esta región, en donde ISIS y Al-Qadea son referentes principales del futuro regional y no como podemos entender en Occidente, apenas un fenómeno pasajero al estilo movimiento revolucionario de corte marxista.
En enero de 2011 nos despertábamos escuchando que una revolución o crisis popular en Túnez había depuesto al gobierno de Zine al-Abidine Ben Ali y que la misma supuestamente buscaba un cambio democrático al estilo europeo, denominada poéticamente “Primavera Árabe”. Esto reflejaba un pueblo levantado que enfrentaba a las injusticias sociales que se vivían en aquel país.
Observábamos cómo esa chispa revolucionaria se expandía por toda la cuenca del mediterráneo, promovida, alimentada y aplaudida por la Comunidad Europea y el Departamento de Estado Americano, con el visto bueno de Barak Obama presidente del país más poderoso del mundo.
Se podía ver, también con suma preocupación, cómo se destruían los modelos tradicionales de orden y gobernabilidad tribal que rigieron a esos pueblos durante generaciones y brindaban estabilidad a la región, con el consecuente desequilibrio de poder regional en el corto plazo y con consecuencias globales imprevisibles en el largo. Situación que fue advertida a Occidente por el Kremlin, ya que éste siendo el gran aliado y promotor durante décadas del desarrollo de esos países conocía la interacción cultural en los mismos, y cuyas advertencias lamentablemente no fueron escuchadas.
También veíamos como los medios de comunicación occidentales tradicionales alababan a Túnez como la única sociedad que pudo alcanzar esta preciada meta del cambio. Lamentablemente nada más lejos de la realidad, ya que con el nacimiento de 2018 también vimos un resurgimiento de violentas y masivas protestas sociales, por varios factores que incluían el alza del costo de vida, los impuestos y medidas restrictivas de índole económica que afectaron el bienestar de la sociedad en general. Todo esto reflotó las diferencias y problemas sociales que parecían ocultas  pero latentes en la sociedad.


Es en este marco donde debemos hablar de la fuerte presencia e influencia de ISIS y AQIM (Al-Qaeda en el Magreb Islámico) en Túnez. No sólo como un hecho aislado de alguna región o ciudad, ni particular del sistema carcelario o en algunas mezquitas de corte salafista de aquel país, sino extendido nacionalmente y en todas las regiones, lo que supone un potencial problema de seguridad y estabilidad gubernamental.
Si bien no se tienen estimaciones oficiales del apoyo interno a estos movimientos en el país, o de combatientes nacionales en Iraq o en Siria, las Naciones Unidas estima su número cercano a los 5.500. Los cuales podrían retornar al país como combatientes fanatizados debido al desmoronamiento de esos frentes internacionales. Asimismo, el gobierno tunecino asegura que 1.500 de sus ciudadanos -incluyendo mujeres- se encuentran combatiendo en Libia, alimentando la guerra civil de aquel país; quienes se vieron atraídos a alistarse en la lucha armada por la declaración del Califato Islámico Libio del año 2014, con sede en la ciudad de Sirte. Una ciudad que ha servido de santuario para operaciones en suelo tunecino y mercado de compra de armas ilegales para abastecerse en la realización de ataques armados y el reclutamiento de combatientes.


Debemos mencionar como nota al margen y para analizar en otro artículo, que muchos de estos ciudadanos tunecinos también poseen doble nacionalidad, que incluye la británica, francesa, irlandesa, canadiense y americana. Los mismos han recibido entrenamiento militar en los campamentos de Libia, impartidos por el grupo de elite de ISIS originado en Siria, Katibat al-Battar al-Libiyah, que ayudó a entrenar a muchas de las figuras centrales en los ataques terroristas islámicos en Bélgica y Francia durante los últimos años.
Un ejemplo claro de esta interacción, evolución y relación entre los movimientos islamistas en la región las podemos ver en las declaraciones que realizara uno de los terroristas islámicos más buscados por el Departamento de Estado Americano: Abu Bakr Al-Hakim. Se trata de un ciudadano tunecino con nacionalidad francesa, que se inició como líder de Ansar Al-Sharia Tunisia, dependiente de AQIM, y que luego de la declaración del Califato en Libia se convirtió en líder del ISIS en Túnez, y quien fuera abatido en el año 2016 combatiendo en Syria.
Sus declaraciones a la revista DABIQ (órgano de difusión de ISIS) llamaron la atención de los analistas en seguridad siendo que expresaban: “Libia estaba a nuestro lado, y las armas abundaban ahí. Entonces fuimos a Libia, establecimos campos de entrenamiento para nuestros hermanos y al mismo tiempo contrabandeamos armas a Túnez”.
Estas actividades de contrabando, a su vez facilitaron las relaciones entre todos los grupos islamistas en coordinación de sus esfuerzos por crear el Califato, siendo un ejemplo de las mismas el ataque al Consulado Americano en Benghazi en septiembre de 2012, ejecutado por el tunecino Ali bin al-Tahar bin al-Falih al-Awni al-Harzi, según el Departamento de Estado de Estados Unidos.


Volviendo a Túnez, ISIS se muestra activo en toda la línea costera y zona central del país y está operativo en por lo menos 17 de los 24 departamentos y en ciudades centrales del país, como por ejemplo Jendouba, Medenine, Sfax, Sidi Bouzid, Sousse y Tunis, y a la espera de continuar aumentando su poder entre la población civil para la declaración de un nuevo Wilayat o Califato.
ISIS ha demostrado su poder con ataques cada vez más osados y frecuentes, como por ejemplo el efectuado al Bardo Museum en 2015, con un saldo de 24 turistas muertos; el ataque al Sousse Beach Resort en 2015, que dejó 38 turistas muertos; o el ataque a una histórica sinagoga en la capital. Sumando los ataques del 2016, como el ocurrido en marzo de ese año en los cuarteles militares de Ben Guerdane, donde durante un período de cinco días mediante un ataque coordinado con base en Libia, ISIS asedió la ciudad con la consigna de tomarla.
También se pueden mencionar los enfrentamientos con fuerzas de seguridad ocurridos más tarde durante el mismo año en las ciudades de La Marsa y Mnihla.
Por otro lado, AQIM ha quedado primariamente muy debilitado por las deserciones de sus fuerzas a favor de ISIS y por las acciones de las tropas tunecinas que mataron a la mayoría de sus líderes. A pesar de lo cual, siguen dominando la región que rodea a la ciudad de Kasserine, donde intermitentemente realizan pequeños ataques. También desde allí concentran sus esfuerzos para combatir a Argelia y a todo indicio de presencia occidental en el Sahel, la región ubicada al sur del Sahara.
Esto nos lleva a concluir que ambos movimientos mantienen fuerzas estables en las regiones que dominan y que no serán desalojados en un futuro inmediato.


Es importante seguir de cerca la evolución de la situación en Túnez, agregando a lo anteriormente descripto las limitaciones que posee su sistema de seguridad, con restricciones presupuestarias, tecnológicas y de personal entrenado, así como la inherente preparación de los movimientos salafistas para una guerra de guerrillas constante y de largo tiempo.
Además del peligro que representan sus vecinos: Libia en el este y Mali desde el sur, un país que debería ser incluido en los mapas del terrorismo mundial.
No podemos dejar de mencionar los brotes de violencia internos que se extienden por todos los estratos sociales debido a la desfavorable situación económica, la pobreza y la represión de sus fuerzas policiales.
Es debido a estas consideraciones que vemos con suma preocupación el devenir político en esta región y el posible aprovechamiento de estas circunstancias por parte de los movimientos integristas para ganar adeptos y asaltar el poder cuando las circunstancias les sean favorables, con la consecuente desestabilización e influencia que el desarrollo de estos acontecimientos tengan para Europa y la seguridad global en el mediano plazo.

 
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