La Semana Trágica:

“Recuerdos de una Argentina cercana”

Hace exactamente 85 años, entre el 6 y el 13 de enero de 1919, una manifestación obrera fue reprimida salvajemente saliendo a relucir los primeros brotes de antisemitismo en la Argentina. Los primeros grupos parapoliciales entraron en acción por primera vez en esta época. Una semana signada por reclamos obreros, represión, xenofobia, muerte. 700 muertos y más de 2000 heridos en una semana, lo que fuera reconocido en la historia argentina como la Semana Trágica. Veamos qué sucedió entonces.

Por Pablo Pejlatowicz

Ante la crisis producida por la Primera Guerra Mundial, en la Argentina el salario cada vez valía menos y la combatividad obrera era mayor.
Los reclamos de los huelguistas se encontraban con un sector conservador atemorizado por perder su lugar histórico frente a la nueva revolución bolchevique en Rusia y la ola de pronunciamientos proletarios en el resto de Europa.
La llamada Semana Trágica comenzó con una huelga de trabajadores de los talleres metalúrgicos Vasena. Esta huelga había comenzado en 1918 y no era la única. En 1917 hubo 136.000 huelguistas, un año después la cifra ascendió a 138.000 en 196 huelgas y 1919 estuvo signado por 300.000 trabajadores en 367 manifestaciones.

Inmigración de ideas anarquistas

Este movimiento obrero fue impulsado, en su mayor parte, por los inmigrantes llegados al país desde fines del siglo XIX.
Alrededor de 1880, la elite argentina tenía un fuerte resentimiento contra los mestizos. En la llamada “Campaña del desierto” se hizo todo lo posible para reducirlos en número junto con los indios. El país se estaba formando y recibía de buen agrado a la inmigración hasta que la oligarquía se dio cuenta que los inmigrantes no resultaron una mano de obra dócil.
Los nuevos trabajadores trajeron ideas anarquistas y socialistas al país. A principios del siglo XX el movimiento obrero ya estaba organizado en torno a la F.O.R.A. (Federación Obrera de la República Argentina) de tendencias anarquistas. Ya para la década del ´10, el socialismo tomó mayor participación y el control de la F.O.R.A. en el IX Congreso. Los anarquistas se escindieron y formaron la F.O.R.A. del V Congreso, pero su influencia ya nunca sería la misma.

La Ley Cané

Los sectores conservadores y la Iglesia buscaban formas de controlar la actividad política de los inmigrantes. Por eso, en 1902, Miguel Cané hizo una ley para deportar a todo inmigrante que tuviera participación política. De esta forma muchos inmigrantes fueron deportados. Esta ley se aplicó para los inmigrantes anarquistas implicados en el atentado de 1909 al jefe de policía Coronel Ramon L. Falcón (Ver La Primera Acción…). Más tarde se complementa la represión política con la Ley de Defensa Social que prohibía el ingreso de extranjeros que hubieran sufrido condenas, la propaganda anarquista, y el requerimiento de pedir permiso a las autoridades antes de realizar un acto.

Los medios

Otro de los elementos causantes de la Semana Trágica es el antisemitismo que se desarrolló desde fines del siglo XIX. En 1880, a raíz de los pogroms que ocurrían en Rusia, el Presidente Roca lanzó una invitación a los judíos rusos a emigrar hacia Argentina.
Comentando este convocatoria, se lee en el diario ‘La Nación’ que ‘”a inmigración judía no es conveniente para este país tan joven y en formación porque son una comunidad cerrada, y no se asimilan”.
En 1890 sale por entregas la novela ‘La Bolsa’ de Julián Martel en ‘La Nación’. Esta novela responsabiliza a los financistas judíos por la crisis económica que atravesaba el país. Sin embargo, es notable que esta novela y otras similares hayan tenido tanta difusión en ese diario así como artículos antisemitas de Sarmiento en ‘El Nacional’ en una época en que la población judía en Argentina era prácticamente inexistente.

Las huelgas y el extranjerismo

La Primera Guerra Mundial trajo una mala situación económica al país: se detienen las inversiones, los precios de las materias primas se derrumban y el salario se reduce en un 38,2%.
La forma que tenían los obreros de reivindicar sus posiciones en materia de política económica era a través de las huelgas en los períodos de mayor trabajo para la industria en cuestión. Los gremios de transporte tenían un gran poder en este sentido.
Entre 1916 y 1917 la Federación Obrera Marítima fue artífice de una huelga que consiguió mejoras salariales para sus obreros. Sin embargo, la huelga organizada por la Federación Obrera Ferroviaria entre el ’17 y el ‘18 no tuvo éxito, ya que los empresarios no hicieron concesiones y despidieron a los delegados sindicales cabecillas del movimiento.
Para sumarse al conflicto entre la oligarquía y los obreros, en 1917 estalla la Revolución Rusa. Este acontecimiento tuvo una significativa influencia sobre el movimiento obrero argentino, que estaba en un estado de desamparo causado por la desocupación, la carestía de vida y bajos salarios. Aumenta el grado de politización de los sectores asalariados, que empiezan a plantear cuestiones como la unidad política obrera, el internacionalismo, antimilitarismo, etc.
Por otro lado, le infunde pánico a los conservadores y al gobierno y a la prensa, que terminan relacionando todo reclamo obrero con una conspiración encabezada por extranjeros.
En cada huelga, la prensa señalaba a agitadores maximalistas como los responsables. En Rusia, la tendencia de extrema izquierda toma el nombre de maximalista porque quería realizar al máximo el programa de reivindicaciones discutido por el Partido Socialista Revolucionario ruso, en su Congreso de 1903 y así expandir el comunismo por todo el mundo.
Muchos judíos provenían de Rusia, escapándose de pogroms y la Gran Guerra, en busca de tranquilidad y, en medio de la propaganda antisemita, fueron relacionados con el maximalismo. Así es como en la Semana Trágica la prensa habla de una “conspiración judeo-bolchevique” o una “Revolución Maximalista”.

Talleres Vasena

Los Talleres Vasena eran famosos por tomar gente pobre y poco cualificada a cambio de salarios muy bajos y por las medidas policiales que acostumbraba a tomar a fin de prevenir posibles huelgas. La huelga que comenzó en diciembre de 1918 en los talleres se tornó tensionante tanto para los manifestantes, como la policía y los rompehuelgas contratados por la empresa.
En 1919, con el año nuevo, la violencia fue en aumento; el día 5 de enero hubo choques entre miembros de la policía y los huelguistas de Vasena que terminaron con la muerte de un cabo policial, Vicente Chavez. En su funeral, el jefe de Policía exhortaba a la población: “La situación por la que se atraviesa no debe alarmar al elemento sano: las fuerzas de esta capital son suficientes para restablecer la normalidad. Es necesario, solo, la cooperación de los ciudadanos; por ineludible deber patriótico, a la acción de aquella, no interrumpiendo su actividad ordinaria, denunciando a los malos elementos, para que sufran la justa sanción que su inicua conducta los hace acreedores. ¡Argentina: no desmintáis la tradición de nuestros padres!” (La Prensa, 6/1/1919).
El 7 de enero, mientras los marítimos iniciaban su huelga, los obreros de Vasena detenían con piedras todo carro que intentase entrar a la empresa. ‘La Nación’ comenta el tiroteo iniciado por la policía en ese día: “Según nos ha manifestado el capitán Caffarate(…), el fuego que se hacía contra la tropa era tan recio y desde tan corta distancia, que para defender la vida de sus hombres les mandó echar cuerpo a tierra y contestar al fuego.”(La Nación, 8/1/1919). El resultado de la contienda fue de cuatro muertos. En la misma página, La Nación indicó que en realidad las víctimas eran moradores de las casuchas de madera y zinc que rodeaban la fábrica, ninguno de los cuales integraba los pelotones de huelguistas. En cambio, el historiador David Rock sostiene que el enfrentamiento del 7 de enero se trató de una venganza. La policía habría organizado una emboscada, en las afueras de los talleres, disparando contra los huelguistas cuando estos se lanzaron a detener a los carros.
Cuando los hechos se conocieron, el 9 de enero, aunque los sindicatos no apoyaban una huelga general, la masa obrera sí. Hubo un paro total de actividad en los barrios cercanos a Nueva Pompeya y en servicios de tranvías. Los obreros intentaron asaltar las oficinas de Vasena pero fueron reprimidos por el ejército y tropas de policía. Esta contienda terminó con más de 30 asesinatos cometidos por la policía. Durante el cortejo fúnebre de los muertos dos días antes, ‘La Nación’ registró varios incidentes: Los manifestantes prendieron fuego a automóviles, tomaron una estación de tranvía, saquearon un orfanato de la Iglesia, y un pequeño grupo robaba armas de las armerías que encontraban a su paso. A las 17 hs el cortejo llegó al cementerio donde la policía esperaba atrincherada para iniciar una masacre que dejaría 39 muertos -12 según la prensa oficial- y cientos de heridos.

La Liga Patriótica

El 10 de enero el general Dellepiane tomó el mando militar de la ciudad con 30.000 soldados.
Ese mismo día, se conformó en el Círculo Naval la ‘Liga Patriótica Argentina’, un movimiento derechista, antisemita y fascista liderado por Manuel Carlés. Allí los ‘niños bien’ de la sociedad recibieron armas e instrucción militar y salieron a las calles, más específicamente, a los “barrios rusos” de la ciudad. Mientras la policía montada observaba desde la esquina, los ‘niños bien’ asaltaban negocios e instituciones judías, violaban a mujeres y mataban a niños, hombres y ancianos.
El intelectual judío José Mendelson, por entonces un joven inmigrante, narra su testimonio: “Jinetes arrastraban a viejos judíos desnudos por las calles de Buenos Aires, les tiraban de las barbas, (…) y cuando ya no podían correr al ritmo de los caballos, su piel se desgarraba raspando contra los adoquines, mientras los sables y los látigos de los hombres de a caballo caían y golpeaban intermitentemente sobre sus cuerpos”.
También fueron asaltadas las organizaciones obreras Poaléi-Tzion y Avangard y la Asociación Teatral Judía. En Avangard fue detenido Pedro Wald, quien el 15 de enero se entera que fue detenido por la burda acusación de ser el Presidente del primer Soviet argentino.
El 11 Pedro Vasena llega a un acuerdo con el gobierno en el que concedía 8 horas de jornada laboral y aumento salarial y de horas extra. Después de lograr estas concesiones, la F.O.R.A. socialista (la más poderosa de las dos), llamó a detener la huelga. Sin embargo, la mayor cantidad de atentados a la comunidad judía y represión a los obreros ya habían sido perpetrados tanto por la “Liga Patriótica” como el ejército y la policía. La F.O.R.A. anarquista siguió con la huelga hasta lograr la liberación de todos los detenidos políticos, inclusive Simón Radowitsky, aunque fueron manifestaciones aisladas.

¿Zona liberada?

Es evidente la necesaria complicidad entre los grupos civiles armados como “Orden Social” y “Guardia Blanca” y el Ejército y la Policía. Así como en el atentado a la AMIA, los policías de la comisaría 7° no estuvieron donde debían y ‘milagrosamente’ se salvaron de la explosión, en enero del ’19, la comisaría 7° también tuvo protagonismo en los hechos sangrientos. Las bandas armadas usaron la comisaría como cuartel de tortura de sus detenidos, asesinaban gente a golpes bajo la bandera argentina, cantando el Himno Nacional. El 10 de enero, el Jefe de Policía, el doctor Elpidio Gonzalez lanzó un llamado agradeciendo a las Fuerzas Armadas y a las bandas civiles por dominar la situación con “energía y heroísmo, dando una lección a los elementos disolventes de la nacionalidad”.
Dos días después, el general Dellepiane publicó un comunicado similar expresando su “profundo agradecimiento” a la “heroica policía y a los bomberos” y a “la ciudadanía”, que colaboraron junto al Ejército para “aplastar el brutal levantamiento”.
Cuando se analiza la participación del partido radical, y por ende, el Gobierno, los historiadores se dividen: sólo Sandra McGee y David Rock afirman que el partido radical convocó a 2.000 activistas para defender al Gobierno y que hubo patotas de los comités dirigidas por el presidente del Comité Capital de la UCR, Pío J. Zaldúa, que tomaron el Departamento de Policía al retirarse el ejército.

Historias con espejo

Al igual que con el atentado a la AMIA, la comunidad judía oficial fue condescendiente, trató de no molestar al gobierno de turno. La Congregación Israelita trató de aislar a los detenidos y asesinados por la policía y la Liga Patriótica Argentina del resto de la comunidad judía diciendo que 150.000 inocentes (el tamaño estimado de la comunidad) no pueden pagar por unos pocos culpables.
La “Liga Patriótica Argentina” fue la primer fuerza parapolicial en Argentina. Le dio el ejemplo a los sectores de extrema derecha de la sociedad argentina de la historia sobre cómo actuar. Y así siguieron actuando otros grupos como la “Legión Cívica” en el ’30, la “Alianza Libertadora Nacionalista” en el ’40, el grupo “Tacuara”, la “Guardia Restauradora Nacionalista”, etc.
En 1919, si bien se mandaron delegados de la comunidad judía para hablar con el Presidente Yrigoyen y con el General Dellepiane, no se hizo mucho para identificar a los culpables de la masacre de la Semana Trágica. Cuando hay hechos antisemitas, se necesita más que condescendencia de las instituciones judías hacia el Gobierno. A principios del siglo XX la recién establecida comunidad judía no pudo defenderse ni encontrar a los culpables de los ataques. Casi un siglo después, no aprendimos la lección.