Pensar Kipur desde el judaísmo humanista

Shabat Shabaton, ¿qué significa realmente?

Se puede llegar a lo divino desde la constricción, el remordimiento y el ayuno que caracterizan a Iom Kipur, llamado Shabat Shabaton en ciertos pasajes bíblicos; pero también desde la alegre celebración de la vida que caracteriza a cada Shabat. A partir de la relación complementaria entre Shabat y Kipur, el autor reflexiona acerca de la primacía de cotidiano, la alegría del festejo semanal, frente a lo más duro y esporádico, las tristezas de la conmemoración anual.
Por Uriel Romano *

Cada mañana de Iom Kipur, la lectura de la Torá nos propone revivir paso a paso el antiguo sacrificio que se hiciera primero en el Mishkán y luego en el Beit Hamikdash cada Iom Kipur. Luego de una explicación detallada del proceso ritual, se nos declara la santidad del día en cuestión diciendo: “Os será día de reposo, de descanso solemne (Shabat Shabaton), para que humilléis vuestras almas; es estatuto perpetuo” (Levítico 16:31). Es decir, Iom Kipur recibe otro nombre según este pasaje bíblico: Shabat Shabaton.
¿Qué significa Shabat Shabaton? La explicación clásica y literal es: “Un shabat pleno”, el Shabat más importante del año. El sufijo “on” en hebreo puede significar una acción completa y absoluta, y por eso Shabat Shabaton es “el gran Shabat”, es decir el día más sagrado del año.
Sin embargo, quiero proponerles y aventurarme en otra lectura que permite la gramática hebrea de Shabat Shabaton. Otra acepción posible sería: “el shabat más pequeño del año”. Esto se debe a que el sufijo “on” en hebreo puede leerse también como un diminutivo. Un Shabaton no sería entonces un gran shabat –como solemos suponer cuando lo escuchamos en español- sino un pequeño Shabat. De todos los Shabatot –días de descanso del año-, Iom Kipur no sería el más sagrado sino el menor de todos.

¿Por qué la Torá llama entonces a Iom Kipur “Shabat Shabaton”? No porque sea un gran Shabat, sino porque es un pequeño Shabat. La verdadera forma de llegar a Dios se nos presenta cada semana, una vez por semana, en Shabat. Iom Kipur, es una forma de acercarnos a la santidad a lo sagrado, sin embargo ocurre una vez al año; y no en la forma ideal.
En Iom Kipur intentamos acercarnos a lo profundo de nuestro ser y a Dios a través de la tristeza, el ayuno, la constricción, la abstención, la confesión (el vidui) y a través de decenas de piezas litúrgicas y poemas que piden la clemencia de Dios sobre nosotros, los seres humanos finitos y falibles. En el Unetane Tokef nos comparamos incluso a una nube que desaparece. En Iom Kipur intentamos reflexionar, convirtiéndonos en la nada, en palabras de Abraham Avinu, haciéndonos Afar veEfer, polvo y cenizas. En Iom Kipur intentamos anular nuestro ser, nuestros deseos y nuestros placeres para intentar así encontrar la compasión y misericordia divina.

En Kol Nidre, nos convocamos conscientes de nuestras falencias y fallas y anulamos todas las promesas que no pudimos cumplir, y las que no podremos cumplir incluso en el futuro. En Izkor la sinagoga se llenará, y cada quien llorará y recordará a sus seres más queridos. En Neilá desfalleciendo de hambre, luego de innumerables plegarias pediremos clemencia a Dios para que en la hora que se cierran las puertas celestiales, podamos ser meritorios de ser rubricados en el libro de la vida plena.
Dolor, angustia, constricción, llantos, remordimiento, recuerdos, tristeza, ayuno, abstención, culpa, duelo, debilidad. Estas son quizás algunas de las palabras claves de cada Iom Kipur. Esta es sin duda una forma de llegar a Dios. Muchos de nosotros nos apegamos a la religión en momentos de dolor y angustia frente a una enfermedad o frente a la muerte de un ser querido; cuando perdemos el trabajo o cuando pasamos por un período de crisis emocional o personal. Para eso está la Torá, y para cada uno de esos momentos la tradición judía tiene una palabra de consuelo o un rito que nos ayudará a intentar superar aquellos traumas. Sin embargo, esta no es la manera más elevada de llegar a Dios.

Es fácil percibir lo divino en Iom Kipur. El ayuno predispone a nuestros cuerpos, nos hace sentir débiles. Las melodías penetrantes del Kol Nidre, del Unetane Tokef o del Aleinu de Maljuiot nos conmueven. La conciencia de que hoy estamos siendo juzgados por todos nuestros errores nos estremece. Por eso Iom Kipur es un Shabat Shabaton, un pequeño shabat, porque intenta elevar nuestras almas a través de la tristeza y la aflicción.
El verdadero Shabat es el shabat sin “on”, el shabat sin ningún diminutivo, es el Shabat que tenemos la posibilidad de vivenciar cada semana. Es en Shabat donde podemos percibir lo divino y la santidad de una forma más elevada. En cada Shabat intentamos percibir la santidad a través de la alegría y el festejo. Tratamos de encontrar lo divino no en los momentos de angustia y desesperación sino en los momentos de regocijo y algarabía. Como cantaba el salmista: “Ivdú et Adonai beSimjá – Servid a Dios con alegría” (Salmos 100:2). La forma más elevada del encuentro con lo divino es a través de la alegría. En Shabat reemplazamos la el ayuno por manjares, la angustia por el júbilo, los cantos solemnes por melodías alegres, las ropas blancas simples por nuestras mejores prendas.

¿Quién recuerda a Dios en los momentos de alegría, en los momentos de bonanza y cuando todo marcha sobre ruedas? Todos recordamos a Dios en la angustia y pedimos ayuda en momentos de necesidad, pero ¿cuántos de nosotros, nos detenemos en el pico de nuestras alegrías para agradecer por la posibilidad de estar viviendo ese momento? Iom Kipur es un día lleno de pedidos y de reclamos. Shabat es un día donde los pedidos y los reclamos están prohibidos. En Shabat, la halajá dictamina que no podemos hacer ninguna bakasha (pedido) a Dios; en Shabat sólo podemos agradecer.

Las angustias y los dolores son esporádicos, como Iom Kipur –que ocurre una sola vez al año-, y en esos momentos debemos saber que tenemos una casa, que tenemos una comunidad y que tenemos un Dios que nos pueden ayudar a superar aquellos tiempos de desesperación. Las alegrías, por el contrario, ocurren todas las semanas y todos los días. En nuestra vida, si aprendemos a apreciar, los momentos de alegría, de estabilidad y de felicidad son muchos más que los momentos de dolor, sin embargo a veces no nos damos el tiempo para celebrarlos. Y la tradición de Israel –si algo le legó a la humanidad- es la importancia del festejo y de la conmemoración. Entre Shabat y las festividades, hay más de 70 días en el año para festejar. Un quinto del año festejando y celebrando la vida. Cada semana, Shabat nos da la posibilidad de apreciar lo más sagrado que tenemos: nuestra vida.
Es por eso que enseñan nuestros maestros en el Zohar (Tikunei Zohar, Tikun 21): “Iom Kipur Sheu Iom Kmo Purim, El día de Iom Kipurim es un día como el de Purim.”  Es decir, el día de Iom Kipur es un día como Purim, pero no llega a la santidad de aquel día. Purim es más sagrado que Iom Kipur, ya que en este día intentamos llegar a Dios a través del ayuno y la aflicción mientras que en Purim lo hacemos a través de la alegría, el baile y la música.

Iom Kipur es una vez al año. Las tristezas son esporádicas. Shabat ocurre todas las semanas. Las alegrías ocurren a cada instante.
Este año, el verdadero Shabat, coincide con el Shabat Shabaton, con el pequeño Shabat. Y los maestros del Talmud nos enseñan que lo cotidiano tiene primacía sobre lo esporádico. Y es por eso que nos saludamos diciendo primero Shabat Shalom y sólo después Gmar Jatima Tova. Primero está el agradecimiento y solo después el pedido. Primero está la alegría y solo después la tristeza. Primero está Shabat y solo después Iom Kipur, por eso: Shabat Shalom y Gmar Jatima Tova!

* Licenciado en Ciencias Políticas (UBA), docente de Estudios Judaicos en el Seminario Rabínico Latinoamericano y estudiante rabínico en la misma institución.
Mail: [email protected] – Twitter: @urielromano