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Rosh Hashaná: Manzana con miel ¿Por qué?

¿Por qué comemos manzana con miel en Rosh Hashaná? La respuesta puede ser muy simple o muy compleja. Lo simple es bueno, cortito y al pie. Lo complejo también es bueno, y en esta oportunidad, fascinante. ¿Por qué comemos manzana con miel? La respuesta simple: para desearnos mutuamente que tengamos un año bueno y dulce. Esta respuesta la conocemos todos. La hemos escuchado de nuestros padres, de nuestros madrijim o de nuestros moirm en el Shule. Vamos por la respuesta compleja.
Por Uriel Romano *

¿Por qué comemos manzana con miel? Partamos de lo simple para ir construyendo hacia lo más elaborado y complejo: como ya dijimos lo hacemos para desearnos un año dulce como la manzana y como la miel. ¿Pero qué pregunta nos podemos hacer acá?: ¿Por qué justamente la manzana? ¿No hay frutas más dulces que las manzanas? Y con respecto a la miel ¿no hay otros endulzantes? Si la manzana y la miel son dos cosas dulces ¿Por qué necesitamos dos tipos de dulzura para desearnos un shaná tová umetuka? ¿No bastaba con una sola?
A preguntas complejas, respuestas elaboradas. Comencemos diciendo una obviedad: Si volvemos atrás en el tiempo, ni Abraham, ni Moshé ni el rey David festejaban Rosh Hashaná untando manzana con miel junto a Sara, Tzipora o Bat Sheva, deseándose un año bueno y dulce. Toda costumbre tiene su comienzo, y ninguna tradición es eterna. ¿Cuándo comenzó esta costumbre?

Los Simanim (augurios)
La primera referencia a comer ciertos alimentos para invocar augurios positivos en Rosh a Shaná, se encuentra en el Talmud : Abaie dijo: “Ahora que sabes que un augurio es significativo, al principio de cada año cada persona debe acostumbrarse a comer calabaza, lubia, puerro, remolacha y dátiles…”. En un momento analizaremos el contenido de esta cita talmúdica pero antes es importante saber quién es el interlocutor. Abaie fue uno de los grandes rabinos babilónicos de comienzos del siglo IV D.E.C. Es decir, que a partir del siglo IV d.e.c tenemos evidencias de que los judíos (de lo que hoy día es Iraq) tendían sobre sus mesas festivas diversas frutas y verduras como simanim (símbolos) de deseos para el año entrante. Según Abaie los augurios son cuestiones significativas, y los significados para ser representados, deben encontrar un significante. Aquellas verduras representaban algo más que una simple comida, cada una encerraba un augurio y un deseo.
Abudraham  en su comentario al Majzor , comenta el significado de esta costumbre talmúdica a fines del siglo XIV: 
En Rosh Hashaná llevaban a la mesa una canasta que contenía calabaza, dátiles y otros vegetales hervidos. Entonces, colocaban sus manos sobre cada uno de ellos y extraían a partir de sus nombres significados simbólicos para el nuevo año. Por la calabaza (kará) decían: “Que se rompan nuestros malos decretos” (ikrá); por la rubia decían: “Que tengamos numerosos méritos” (irbu); por el puerro (karti) decían: ¨Que nuestros enemigos sean exterminados” (ikartú); Por los dátiles  (tmarim) decían: “Que nuestros pecados sean eliminados” (itamu). Luego agregaban una granada y decían: “Que nuestros méritos se incrementen como (las semillas) de una granada”. Algunos comenzaban todo diciendo: “Sea Tu Voluntad, Eterno Dios nuestro y Dios de nuestros padres…” Algunos acostumbran llevar a la mesa la cabeza de una oveja, pescado y alimentos dulces correspondientes a: “Que seamos la cabeza y no la cola”. Y el pescado, porque los peces se reproducen rápidamente… El Rab de Rottenberg acostumbraba a comer la cabeza de un carnero como una alusión al carnero [que fue sacrificado en lugar] de Itzjak.

De cada alimento los rabinos extraían -de su nombre en hebreo o de alguna de sus cualidades- una bakashá (pedido) para Dios. Un detalle para quien no se percató: Ni en el Talmud en el siglo IV, ni en España del siglo XIV, se hace referencia todavía a la manzana con miel. En el Talmud se da una gran lista de comidas “típicas”, Abudraham ya introduce la idea de “alimentos dulces”, sin embargo, la manzana rebosante de miel continúa ausente.
Entonces ¿Cuándo aparece por primera vez? Pocos de los simanim que figuran en estas fuentes tradicionales, son puestos por los judíos sobre sus mesas festivas. Sin embargo, la manzana con miel se encuentra en todos nuestros hogares, comunidades y escuelas. No hay Rosh Hashaná sin manzana con miel, pero bien pueden faltar los dátiles, la granada o la lubia (que dicho sea de paso no hay muchos que deban saber exactamente lo que es). En este caso, la costumbre más moderna corrió de la mesa (o por lo menos de un primer plano) a las más tradicionales.

La Manzana
Según puede encontrar en mi investigación, la primera fuente que menciona la costumbre de comer manzana con miel durante las noches de Rosh Hashaná, se encuentra en Sefer Minaguei Maharil, el libro de las decisiones halajicas, costumbres e interpretaciones del Maharil – Rabi Iaakov ben Moshe Moellin (1360-1427). A diferencia del español-sefaradí de Abudraham, el Maharil nació en Mainz, Alemania y murió en la ciudad alemana de Worms; es decir que fue un Ashkenazí de cabo a rabo.
En sus Hiljot Rosh Hashaná el Maharil señala: “Es una costumbre comer después del Kidush en la noche de Rosh Hashaná manzanas dulces con miel”. Y continúa luego enseñando: “Y el motivo por el cual comemos cosas dulces es para que Dios decrete sobre nosotros un año bueno y dulce [Shaná Tová uMetuká]”.
¡Hemos llegado! Es en el siglo XV en Alemania donde se menciona por primera vez de forma contundente la costumbre que en los últimos 600 años dio vuelta a todo el mundo judío. Los ashkenazim pueden estar orgullosos: la costumbre adoptada hoy día por gran parte del mundo sefaradí proviene de una tradición alemana, (más ashkenazí imposible). Sin embargo, cabe remarcar que El Maharil no dice que fue él quien impuso esta costumbre, sino más bien señala que ya “era costumbre” en su época. Podemos creer que así lo fue por un par de generaciones antes que él. Por consiguiente, ya en su época había discusiones halajicas (somos judíos, no podía ser de otra manera) sobre cuál es la bendición que se debe hacer sobre la manzana con miel; si la de la manzana (Bore Pri Haetz), o si la de la miel (Sheakol Niah Bidbaro).

Ahora, aunque ya sabemos de dónde surgió esta costumbre, las preguntas, continúan abiertas ¿Por qué específicamente la manzana? ¿Por qué específicamente la miel? El Maharil responde según su parecer el porqué de la manzana, pero nada dice sobre el de la miel.
Antes de presentar algunas posturas judías sobre la elección de la manzana por sobre otras frutas, estudiemos un poco acerca de la historia de la manzana.
Desde la antigüedad, la manzana es la fruta por antonomasia. Roja, verde o dorada, la manzana fue estimada desde hace milenios por su valor curativo, culinario y simbólico. Tradicionalmente, se cree que su origen está situado en la zona de Almá-Atá , antigua capital de la República Soviética de Kazajistán. Sin embargo, fue en Europa donde la misma evolucionó y se popularizó gracias a la cultura grecorromana. Fueron los romanos los que consiguieron las mejores manzanas, ellos buscaban la inmortalidad a través de su consumo. Los más pudientes siempre reservaban una habitación para almacenar manzanas. En la Biblia, la manzana y los manzanos, como veremos a continuación, son mencionados y tienen un lugar muy especial. Aparentemente, por el contrario, en la literatura rabínica las manzanas no tienen un rol “protagónico”, como en sus contemporáneos romanos.
La manzana es quizás la fruta más popular del mundo. En la actualidad se calcula que hay entre 5.000 y 20.000 variedades de manzanas en los cuatro rincones de la tierra, y la misma nunca falta en una ensalada de frutas. La manzana fue protagonista de grandes relatos y grandes tragedias; se la consignó como la fruta del paraíso y del infierno, del amor y de la perdición.
Algunos podrían insinuar que comemos manzanas en Rosh Hashaná, porque en esta festividad celebramos la mítica creación de los primeros seres humanos: Adam y Javá. Como parte del mundo occidental, todos nosotros alguna vez escuchamos que el fruto del árbol prohibido es la manzana. Sin embargo, esta no es una visión judía. Desde el siglo V la iconografía religiosa cristiana comenzó a asimilar aquel fruto, con una manzana roja (quizás por el color rojo, símbolo de la pasión y el pecado). Mientras tanto, en el mismo periodo histórico, los sabios del Talmud mencionan que no están seguros de cuál fue aquel fruto, ya que el texto bíblico no especifica. Aunque esbozan las siguientes posibilidades: Una parra de vid, una higuera, y un «planta» de trigo . Pero nunca una manzana.
Además de en el Gan Eden, la manzana ha sido retratada en un sinnúmero de historias y cuentos tradicionales. Por ejemplo, en el cuento de Blancanieves, la reina malvada envenena a la protagonista con una manzana. O la manzana de la discordia de la mitología griega, en el relato en donde la Diosa Eris, dispuesta a destinar la manzana a la más bella de la boda, termina provocando la disputa entre Hera, Atenea y Afrodita, lo que desencadena la guerra de Troya. Es decir: Troya ardió por una manzana. La manzana es villana, pero a su vez, heroína. Como en la historia de Isaac Newton y la más célebre caída de una manzana madura de su árbol. ¡Los Beatles eligieron a una manzana como logotipo para su compañía discográfica!, y hoy en día, no hace falta tener un disco de los Beatles para tener el logotipo de una manzana, ya que en cualquiera que tenga un iPhone o producto Apple, lleva una  manzana mordida en el bolsillo. De hecho, el primer producto Apple fue llamado Macintosh (una de las variedades más populares de manzanas en el mundo).

Ahora, ya habiéndonos acercado un poco más a la manzana, intentemos comprender por qué nuestra tradición eligió que lo dulce, sea esta fruta y no otra. El primero que da un motivo es, como vimos, el mismo que cita por primera vez esta costumbre: El Maharil. Este sabio ashkenazí, dice que la respuesta es obvia: “Se encuentra enseñado en la Torá, repetido en los profetas y enseñado por tercera vez en los escritos”. Es decir, que en cada una de las secciones de la Biblia, se encuentran referencias a la unión intrínseca entre la dulzura de las manzanas y la festividad de Rosh Hashaná. Veamos algunos ejemplos que él mismo cita: “Entonces él clamó al Señor, y el Señor le mostró un árbol; y él lo echó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces. Y Dios les dio allí un estatuto y una ordenanza, y allí los puso a prueba”. (Éxodo 15:25).
Al salir de Egipto, el pueblo de Israel no encontraba agua para beber, al ser las aguas que los rodeaban saladas. En este escenario es cuando Dios le muestra a Moshé un árbol de frutas dulces, para que este lo eche en las aguas, y estas se vuelvan potables. En ese mismo lugar, es donde Dios le enseña al pueblo diversas leyes. El Maharil hace una conexión entre la dulzura (de aquel árbol) y Rosh Hashaná, ya que uno de los nombres que recibe esta festividad es Iom Hadin (día del juicio, y en este versículo se mencionan las leyes). El Maharil dice entonces: “Esto quiere decir que en el día del juicio se deben comer cosas dulces”. ¿Le satisface esta respuesta? ¿Un poco forzada, no creen? Ni les cuento la relación que El Maharil encuentra en el libro de los profetas; decir que es una interpretación forzada es poco. En los hagiógrafos  (encuentra una conexión en el libro de los Salmos capítulo 81, ya que en el versículo 4 se dice: “Tocad la trompeta en la luna nueva, en la luna llena, en el día de nuestra fiesta.” Haciendo referencia obvia a Rosh Hashaná. Y en el versículo 16 del mismo capítulo se dice: “Pero yo te alimentaría con lo mejor del trigo, y con miel de la peña te saciaría”. Es decir, existe aquí una nueva relación entra la dulzura y Rosh Hashaná. Forzada, sí. Satisfactoria, no creo.
Hasta aquí, El Maharil solo explica por qué se comen cosas dulces en Rosh Hashaná, como Abudraham también lo había enseñado. Sin embargo el Jidush (novedad) que trae este sabio es el porqué de la manzana. Él mismo dice: “Hay muchas otras frutas más dulces que la manzana”. Lo que él cree, es que se eligió la manzana, porque ya en Génesis (27:27) se cuenta en la historia del “intercambio-robo” de la primogenitura de Iaacov en lugar de Esav: “Y él se acercó y lo besó; y al notar el olor de sus vestidos, lo bendijo, diciendo: He aquí, el olor de mi hijo es como el aroma de un campo que el Señor ha bendecido.” Y según la tradición mística y exegética judía, aquel campo no es otra cosa que un campo de manzanos.

Por otro lado, en la tradición cabalista judía, la manzana representa el Gan Eden, el paraíso, el lugar donde comenzó la historia. Según el Midrash, aquel lugar que vio nacer a Adam y a Javá, olía como un huerto de manzanas, y es por eso que al jardín del Edén se lo llama “El huerto de la manzana sagrada”. Es decir, que cuando Itzjak bendice a su hijo Iaacov (pensando que es Esav), es que él tiene el aroma del paraíso, de la bondad originaria. Quizás comemos manzanas en Rosh Hashaná, porque la tradición escatológica judía hace referencia a que la era mesiánica es el retorno al momento primigenio de la humanidad, antes del “primer pecado”. En Rosh Hashaná, intentamos volver a aquel Gan Edén personal, en donde estemos libres de transgresiones y pecados. Quizás, este sea el motivo. Quizás, lo hagamos para oler como aquel huerto de la manzana sagrada en el Jardín del Edén, para poder volver a la pureza y plenitud del comienzo de la vida.
Este puede ser un hermoso motivo de la elección de la manzana. Sin embargo, me parece que el premio mayor se lo lleva otra interpretación. En el Cantar de los Cantares (8:5) se dice: “Así como un manzano entre los árboles del bosque, así es mi amado entre los hijos; a su sombra me deleito y me siento, y sus frutos son dulces a mi paladar”. En aquel canto al amor entre un hombre y una mujer, atribuida al Rey Salomón, (que la tradición rabínica la comprende como un canto del amor entre Dios y el pueblo de Israel), el pueblo es comparado a un manzano. Para Dios, somos el más dulce de los árboles del bosque. Puede ser entonces, que en Rosh Hashaná comamos manzanas para recordar el eterno amor que tiene Dios hacia el pueblo judío, como un amante fiel,  a pesar de nuestras trasgresiones y actitudes erradas.

El Talmud , por su lado, enfatiza aún más la relación que existe entre los manzanos y el pueblo de Israel: “Rabi Jama, el hijo de Rabi Janina, dijo: “¿Cuál es el significado de la afirmación: ‘Como un manzano entre los árboles…’? ¿Por qué el pueblo judío es comparado con un manzano? Para enseñarnos que así como un manzano comienza a dar frutos antes de que crezcan sus hojas, así también el pueblo judío dijo primero ‘Haremos’ y solamente entonces ‘Escucharemos’”.

En el Talmud, el pueblo judío es comparado a un manzano porque es el pueblo de la acción. Somos el pueblo que afirma que antes de la palabra, está la acción. Que antes de dar hojas, damos frutos. Sólo luego de obrar (de dar frutos), embellecemos nuestro accionar con hermosos discursos y palabras (hacer crecer las hojas). Quizás la manzana sea un recuerdo a que en Rosh Hashaná, debemos “accionar”, y buscar el perdón de nuestros semejantes con actos concretos y no con meras palabras, antes de rezar por el perdón y la misericordia divina.

Nunca sabremos a ciencia cierta porque la manzana y no otra fruta. Quizás porque la misma nos recuerde al Gan Eden, o a la esencia del pueblo de Israel. O quizás, porque fue la primera fruta que vieron nuestros sabios en Alemania allí por el siglo XIV, y al ponerla sobre sus mesas de Rosh Hashaná, la volvieron costumbre. Estudiado esto, ahora nos resta entender el porqué de la miel.

La miel
¿Por qué la miel y no otro endulzante? Hagamos, ahora también, un poco de historia. Si la manzana es la fruta por antonomasia, la miel lo es también en cuanto a endulzantes. No sabemos a ciencia cierta cuándo comenzó su uso, pero se encontraron pinturas rupestres que muestran imágenes de hombres recolectando miel de panales, en la Cueva de la Araña (Bicorp, Valencia), que datan de 7.000 años A.E.C.
La miel era un producto principal en la dieta de los egipcios, que según cuenta su mitología, proviene de las lágrimas del dios Ra. En tanto en el siglo V A.E.C, Hipócrates alababa los poderes terapéuticos de este endulzante, y la utilizaba para curar diversas afecciones de la piel, úlceras, y para aliviar el dolor en general. También en su mitología, como en la egipcia, la miel ocupaba un lugar protagónico: era el alimento de los Dioses del Olimpo, símbolo de conocimiento y de sabiduría, reservada sólo para elegidos. Si la miel encontró su lugar privilegiado en la cultura egipcia y en la griega, no podía estar ausente de la cultura del antiguo Israel. Los profetas comprenden que la miel simboliza la dulzura, la justicia, la virtud y la bondad divina. En el libro de Proverbios (13-14) se nos dice por ejemplo: “Come, hijo mío, de la miel, porque es buena y el panal es dulce a tu paladar. Así será a tu alma el conocimiento de la sabiduría”.

En Rosh Hashaná, endulzamos más la manzana agregándole miel, por su simbología religiosa. La miel apela al atributo de la bondad, elemento indispensable cuando uno clama por el perdón del otro. Si no nos ponemos muy “rabínicos” intentando encontrar un significado oculto atrás de cada esquina, podríamos argüir una razón histórica mucho más simple: hasta el siglo XVI que comenzó a extraer la azúcar de las cañas, la miel fue el único endulzante conocido en el Viejo Continente. Quizás, fue simplemente por esta razón que El Maharil y los demás legisladores posteriores establecieron que debemos comer manzana con miel, ya que no conocían la azúcar, y mucho menos el Chuker, Sucaryl, Equal Sweet o la Stevia.

Sin embargo, somos “rabínicos”, y el valor sagrado de nuestra tradición es encontrar el significado a una cosa dentro de otra cosa . Encontrar el significado profundo en cada acto y en cada símbolo, no mirar las cosas de forma superficial, sino extraer de cada instante y de cada tradición un mensaje eterno.

Quizás entonces, endulzamos la manzana con la miel, porque las abejas deben volar casi 150 kilómetros y visitar más de 2 millones de flores para recolectar el néctar suficiente para producir tan sólo un kilo de miel. Porque nuestros sabios comprendieron que el perdón y la reconciliación no se ganan con facilidad, sino que uno debe esforzarse mucho para poder reparar los errores que acarrea durante el año.

La miel, para la tradición judía, tiene sin embargo otro valor muy simbólico. Junto a la leche materna, son los únicos dos elementos que su origen (es decir, aquel que los produce) nos está prohibido en el Kashrut pero que su producto, está permitido. Es decir, tanto las abejas como los seres humanos son Taref, y su ingesta está prohibida según la tradición judía. Sin embargo la miel, que es producto de las abejas, y la leche, que es producto de la madre que amamanta, nos está permitido consumir. La tierra que mana leche y miel, así es conocida la Tierra de Israel en la Torá. Justamente, leche y miel; alimentos que dan vida simbolizan a nuestra tierra prometida y la posibilidad de un nuevo comienzo.

La miel simboliza también la capacidad de transformación; que de lo “malo” siempre algo bueno puede salir. Que del error se aprende. Pero por sobre todo: que todos tenemos la capacidad de transformarnos como la miel. La sal refuerza, conserva. En cambio la miel, subvierte y transforma. En Rosh Hashaná, enseñan nuestros sabios, que nosotros le pedimos a Dios que nos dé la posibilidad de cambiar, de transformarnos y de que nuestras transgresiones se conviertan para nosotros en meritos . Que nuestro pasado, nuestro origen, no determine el resto de nuestras vidas. Que los errores del pasado no fijen todas nuestras acciones futuras, que podamos dejar de ser como el aguijón que pincha y asusta de la abeja, para ser dulces como la miel.

La manzana con miel
Ahora que hemos podido indagar un poco más el porqué de la manzana por un lado, y el porqué de la miel por el otro, nos debemos hacer una última pregunta: ¿Por qué manzana con miel? ¿Por qué no un único siman de dulzura no basta? ¿Por qué la dulzura de la manzana difiere a la dulzura de la miel? La manzana es dulce como muchas otras frutas que crecen en los árboles, en cambio la miel es diferente. El origen de la miel es diferente, surge de una abeja peligrosa y temeraria, mas su producto termina siendo mucho más dulce, incluso, que la manzana. De igual forma en la vida existen dos tipos de dulzuras. Hay dulzuras que crecen y se gestan naturalmente. Todos gozamos de momentos dulces y alegres que llegan con facilidad, que se desarrollan de forma natural y previsible, cual manzano que crece en el campo, como celebraciones familiares, encuentros con amigos, éxitos laborales y personales. Estos momentos se asemejan a la manzana.

Por el contrario, hay otro tipo de dulzura: la que llega luego de mucho esfuerzo, compromiso y muchas lágrimas derramadas. Los momentos de felicidad y jolgorio que llegan luego de grandes frustraciones y fracasos, aquellos momentos de alegría que arriban luego de muchos intentos, de muchas caídas y golpes. Cuando nos enfrentamos a estas desazones y desafíos, los mismos se presentan ante nosotros como el aguijón de una abeja, y duelen. Y mucho. Sin embargo, cuando finalmente se superan esos momentos, se llega a una dulzura diferente. Son más dulces que aquellas cosas que ganamos sin esfuerzo, sin sudor y sin lágrimas. Esos momentos se vuelven tan dulces como la miel. Y capaz que sea por eso Israel es conocida como la tierra que mana leche y miel, porque fue conseguida después de mucho esfuerzo.

“Y por esta razón comemos manzanas con miel en Rosh Hashana. Para desearnos los unos a los otros que la manzana nos traiga momentos dulces, y que el aguijón de la abeja traiga también momentos dulces incluso más intensos que los de la manzana”.

Conclusión
Como cantaba el poeta: “Cada pregunta tiene su respuesta”, en la vida siempre tenemos que responder. Ser responsable es aprender a dar respuestas. Hay veces que las respuestas simples y directas son aquellas que debemos ofrecer. Comemos manzanas con miel para desearnos un año dulce y bueno. Sin embargo, hay momentos para respuestas elaboradas y complejas, que indaguen a través de la historia y la literatura, en busca de los sentidos más profundos. Para comprender que siempre hay algo más para aprender; que todo tiene un origen, que cada cosa tiene su historia, y que nunca hay respuestas únicas ni tradiciones monolíticas.

Sea Tu voluntad Dios nuestro, de nuestros patriarcas y matriarcas, que podamos siempre encontrarle nuevos significados a nuestras milenarias tradiciones. Que cada significante de nuestras vidas pueda siempre estar repleto de diversos significados. Que podamos ser como la manzana, inspiradora y motor de la historia. Y que podamos aprender a ser como la miel, a extraer de la amargura y del dolor momentos de dulzura y felicidad.
Ahora ya sabemos el porqué de la manzana, el porqué de la miel y el porqué de la manzana con miel. Lo único que queda es celebrar. Luego de la complejidad, estamos compelidos a volver a la simpleza. A mirarnos a los ojos y decir todos juntos: “Shaná Tová uMetuka”.

* Licenciado en Ciencias Políticas (UBA), docente de Estudios Judaicos en el Seminario Rabínico Latinoamericano y estudiante rabínico en la misma institución.
Mail: [email protected] – Twitter: @urielromano