Campaña #YoPorLaPaz de Hashomer Hatzair

La Copa, Medio Oriente en crisis, y yo opino desde casa

“El referí se comió el penal”, “Vergüenza que Sabella no llevó a Tevez”, “¡Qué pecho frío que es ese!”. En estos días, todos somos periodistas, todos sabemos de futbol. Y algo parecido pasa con la situación en Medio Oriente, sólo que en vez de lamentar la Copa, con nuestros comentarios alimentamos el odio y la violencia.
Por Jonatan Lipsky *

Tres jóvenes estudiantes de la escuela talmúdica fueron secuestrados. Y asesinados. Un joven palestino, quemado vivo. En el medio, las redes sociales se llenaron de imágenes y palabras. Twitter y Facebook y los medios de comunicación tradicionales comenzaron a reproducir los mensajes: “asesinos”, “venganza”, “no pasarán”. Se intensificó la caída de misiles sobre las zonas aledañas a Gaza y en Israel comenzaron las campañas de solidaridad con las poblaciones civiles.
Y yo, miro las noticias y pienso: ¿qué me querrán decir los periodistas?

“Netanyahu llamó a la familia del adolescente palestino y prometió llevar a los asesinos ante la Justicia”, decía una nota online contando la decisión del primer ministro israelí de comunicarse con la familia del joven. “Nosotros sí que tenemos valores”, “Por Dios, ¿qué hace llamando a una familia de terroristas?”, “Bibi, esto se veía venir y no hiciste nada”, “Es puro palabrerío, no siente responsabilidad por lo ocurrido”, “Sos un blando, Bibi”, eran algunos de los comentarios de los lectores.
Y yo, las miro y pienso: ¿qué aportan con sus interpretaciones los que escriben?

El portavoz de Tzahal, las Fuerzas de Defensa de Israel, reproduce la imagen del Obelisco con misiles cayendo y pregunta: “¿Qué harías vos?”. Hamas reproduce imágenes de los civiles heridos o muertos por la respuesta israelí, sin ahorrarle al lector un poquitito de detalles de la sangre y la catástrofe. Cierto, también en algunos casos la información es tergiversada y el desastre es aprovechado como recurso mediático para justificar una u otra acción.
Y yo, miro las imágenes y me pregunto: ¿qué me querrán mostrar todos los que deciden subir esas fotos?

Y en el medio de todo esto, disparos sobre la Galilea desde El Líbano, muy lejano a Gaza. Y también sobre Ramat HaGolán, desde Siria. Entre la preocupación real por gente que conozco en forma personal, veo que mis amigos y familiares en Israel se manifiestan, a favor y en contra. Hay tensión entre los que llevan carteles de paz y los que exigen una respuesta militar. Tensión, es decir, enfrentamientos reales entre israelíes. Cada uno actualiza su estado en Facebook, cambia su foto, llevando un cartel que tiene de bandera.
Y yo, sigo a miles de kilómetros los que pasa allá y dudo: ¿qué puedo hacer yo desde acá?

La labor de diarios y noticieros es informar (si bien muchas veces desinforman). La de los movimientos políticos influir en el proceder de las instituciones en las que participan. La misión mía como amigo en estas circunstancias es abrazar y acompañar la desgracia de quienes sufren estos malos momentos.
Y yo, que trabajo junto a un movimiento educativo empiezo a pensar qué podemos hacer nosotros, acá en la Argentina. En las marchas del 24 de marzo, salimos y mostramos a la sociedad argentina la cara de la comunidad judía en la Argentina, comprometida con el país, su pasado y presente y con los desaparecidos. En muchas otras circunstancias se redactan comunicados ante circunstancias adversas de la comunidad judía local y de la sociedad argentina. Y lo hemos hecho también con la situación en Medio Oriente.

Empiezo a correr en mi mente la imagen de qué pasa cuando se redactan los comunicados: infinitas comisiones de redacción en las que se escribe, se borra, se revisa, se corrige, se presentan mociones y sale un texto, que con suerte lo lee el círculo cercano de los que lo firmaron. O sale un comunicado que, para ser sumamente correctos, usan un paréntesis en cada oración, comillas para dar a entender la idea y otro montón de palabras para describir lo que pasa en Medio Oriente, es decir: una situación dolorosa.
Frente a esta situación nos encontramos con los líderes del movimiento juvenil Hashomer Hatzair. Movimiento educativo, sionista, pro paz. Son los días en que Argentina se juega la clasificación para las semifinales del Mundial. Y la memoria toma la imagen de la publicidad que pregunta: “¿Qué harías sí Argentina sale campeón?” Y empezamos a pensar: “¿qué harías si se firmará la paz?”.
Pero la paz todavía es lejana y tal como planteaba otra publicidad del Mundial, no hay que preguntar: “¿qué harías sí Argentina sale campeón?, sino: ¿qué harías para que Argentina salga campeón?”.

En primera instancia, ¿podremos opinar del conflicto israelí palestino sin usar frases incendiarias, sin agregar imágenes de niños muriendo o niños en refugios que generen miedo, culpa, orgullo o más enojo? Como movimiento educativo que somos nos pusimos como objetivo, ante todo, evitar que se derramen palabras en vano, que a la ola de violencia que de por sí es terrible con los misiles no se le sume una mediática.
En segunda instancia preguntamos, ¿a qué te comprometés para que haya paz? No acerca de qué instrucciones les das desde tu oficina o el sillón de tu casa a los líderes políticos (suponiendo que leen tu blog). Asumí vos un compromiso, personal. En el mundo del futbol lo llamaríamos “dar un incentivo”, sólo que aquí es para que los líderes no opten por las armas en primera instancia.
En vista de una perspectiva educativa, que responda a los valores de nuestro movimiento, salimos con la campaña #YoPorLaPaz. En ella pedimos, que la gente mida sus palabras al hablar del conflicto y si ya lo hace, las comprometa a la paz. Envíennos un video de hasta cinco segundos a [email protected]. Cierto, no necesariamente vamos a poder hacérselo llegar a los líderes en su reunión de gabinete, como si fuera el vestuario de la selección. Pero por lo menos llenaremos las redes sociales de mensajes reales y comprometidos, y no de mensajes de odio, resentimiento y violencia.

* Sheliaj de la Agencia Judía en Hashomer Hatzair – Tzavta.

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