Vuelve la protesta social a Israel

Dos metas inseparables: la justicia social y la paz

Ante la falta de respuestas concretas a sus reclamos, tal como sucediera el año pasado, las manifestaciones de jóvenes que exigen mejoras sociales, educativas y económicas volvieron a las calles de las principales ciudades de Israel. La expectativa del autor respecto a estas renovadas protestas, además de la esperanza que sean aún más convocantes, pasa por incorporar al conjunto de demandas las problemáticas relacionadas con la paz y una mejor convivencia con minorías como los jaridim, los árabes y los refugiados africanos.

Por Jose Alberto Itzigsohn

El año pasado tuvieron lugar en Israel manifestaciones multitudinarias, cuya meta era una mejor distribución de los ingresos y de los recursos fiscales. La mayoría de los manifestantes eran jóvenes, miembros de la clase media judía, cuyas protestas se basaban en la dificultad para acceder a una vivienda propia y para equilibrar el presupuesto familiar por el costo exorbitante de productos alimenticios y de otra naturaleza; así como el nivel de los salarios, los alquileres altos y la educación tanto para las parejas jóvenes como para sus hijos.
La protesta preocupó a las autoridades y dio lugar a la creación de una comisión, cuyos resultados están lejos de satisfacer a esas necesidades y han sido, en parte, falseados por la presión de grupos políticos.

Este año, la protesta ha comenzado a manifestarse nuevamente en las calles de varias ciudades israelíes y es de prever que crezca en número y en intensidad. Sería deseable que pudiera abarcar también a sectores muy postergados económicamente, como los jaridim y los árabes.
Los jaridim, en buena parte, viven una existencia sumida en la pobreza, como consecuencia de la ideología de rabinos que se oponen a una apertura mínima al mundo contemporáneo. Sufren la cohesión de una sociedad para la cual las tres mayores amenazas para la persistencia del judaísmo han sido la «Ilustración» (haskalah), el sionismo y ahora internet. Pese a eso, no hay que olvidar que en su seno hay personas que acuden al mercado de trabajo para aliviar su pobreza. Esa realidad puede resultar, con el tiempo, más poderosa que las barreras ideológicas.

El otro sector poco representado en las manifestaciones hasta ahora son los árabes, separados del conjunto de los judíos israelíes por razones nacionales y religiosas, y por discriminaciones concretas en las oportunidades de vivienda y trabajo. Vemos, sin embargo, una convivencia cotidiana creciente en los lugares de atención médica y algunos lugares de recreación. La convivencia es posible. Este sector es el más discriminado, y la protesta social tiene que tender a incluir, en forma creciente, a sus representantes, como ya ha comenzado a ocurrir en la ciudad de Haifa.

Dada la dimensión de la protesta, hay sectores políticos que quieren transformarla en el centro de sus programas, sin “contaminarla”, con reivindicaciones de otro tipo, como son las concernientes a la paz que pudieran dividir sus filas.
Craso error a mi entender. La justicia es indivisible. No podemos limitarnos a protestar por lo que nos afecta en forma inmediata y pretender ignorar al resto. Día a día, la televisión y el periodismo nos golpean con imágenes de otro pueblo sometido a nuestra autoridad y a nuestro arbitrio, o a nuestra arbitrariedad, según los casos.
Toda esta situación descrita va de la mano con el proceso de paz.

La falta de un acuerdo o, al menos, de un proceso de paz con nuestros vecinos palestinos, gravita sobre todos los aspectos de nuestra existencia, incluido y en forma notoria, sobre nuestra economía, y de esa manera disminuye la posibilidad de una mejor distribución de los bienes del Estado y obstaculiza los objetivos de la justicia social. Estamos viviendo una situación en la cual la paz es vista como un peligro por lo partidarios del «Gran Israel» y acuden a toda clase de recursos para postergarla al infinito.

La paz es un objetivo muy complejo y no depende sólo de nosotros y, por otra parte, cuando logremos la paz con los palestinos -como espero- podrían subsistir, por un período, otros problemas y amenazas sobre Israel, pero seguramente sería más fácil manejarlos y podríamos disminuir, gradualmente, la carga humana y presupuestaria de la situación actual, y así podrían desaparecer los fantasmas amenazantes con los cuales se nos atemoriza, constantemente, sobre los peligros que implica el proceso de paz.

Otro aspecto que no se debe olvidar en las protestas es la defensa de la democracia y de la legalidad, como bases para poder llegar a una justicia social real. Lamentablemente no faltan amenazas cotidianas contra estas instituciones, con propuestas de leyes que contradicen las bases del derecho, con la apelación al pogromo para resolver problemas sociales como el de los refugiados africanos, pues forzosamente, la falta de legalidad de un lado de la frontera, repercute sobre el otro.

El éxito o el fracaso de la protesta social dependerá no sólo del número de quienes la apoyan y participan en sus manifestaciones, sino también de la claridad de los objetivos propuestos y de la comprensión de la interrelación entre los distintos problemas que nos afectan.

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