Ser judío, ser de izquierda

Ambas direcciones

En una historia personal, un hecho imaginario que narra un vínculo entre un hombre y una mujer, nuestro javer Moshé Rozén sintetiza, y a la vez simboliza, los contrasentidos impuestos por caminos que bien podrían confluir, pero que -sin embargo- se han convertido en un jardín de “senderos que se bifurcan”, parfraseando a Jorge Luis Borges
Por Por Moshé Rozén, desde Nir Itzjak, Israel

Belén y Fabián se conocieron hace cincuenta años, en septiembre de 1972, en la esquina de Corrientes y Callao. Fabián Modner llegó desde Villa Crespo para participar en la manifestación de protesta por la masacre de Trelew. Belén García vino marchando con sus compañeros desde la Universidad del Salvador.

Mientras subía las escaleras hacia la calle, Fabián la vio tratando de colocar una pancarta –“La sangre derramada no será negociada”- en la boca de entrada al subte, sobre el cartel de Ambas Direcciones. Fabián la ayudó. Belén le ofreció que caminen juntos, yo estoy con la columna de la Jota Pe. Fabián le dijo que prefería marchar con la Ters, o con el Polo Obrero. Belén se rió ah, sos trosko. Fabián también se rió, no,para nada, pero tampoco importa, aquí  nos mezclamos todos. Belén confirmó sí, todos unidos, como los compañeros caídos en Trelew. Al llegar a la esquina de Corrientes y Paraná, Belén tropezó con unas baldosas rotas, pero Fabián la sostuvo. Belén quiso preguntarle que carrera estudia pero el  multitudinario clamor “se va acabar la dictadura militar” envolvió a la calle.  De pronto, Belén se perdió en la masa de manifestantes y Fabián siguió marchando: sintió que al dolor, agudo y puntual, por los militantes asesinados en el sur, se agregó otro malestar, difuso y difícil de explicar.

Una semana después, Belén, repasando sus apuntes en el café  Ópera vio  a Fabián cruzando la avenida y, más que alegre,  salió a su encuentro. Parece que es nuestra esquina, lo sorprendió. Lo primero que se le ocurrió a Fabián fue un obvio, por las manifestaciones…

Pero hoy no hay ninguna marcha, seguro que te vas a encontrar con tu novia, intentó Belén.

No, no tengo novia… y, sí, hay manifestación, por la masacre en las Olimpíadas, en Munich.

En ese momento una marea de volantes “contra el terror, por la paz” cubrió la vereda. Belén, entre incrédula y enojada, lo retuvo no te entiendo, la semana pasada estuvimos juntos, contra Trelew, por la revolución y ahora…te plegás al imperialismo...

Fabián le  trató de explicar, no, con la paz en Medio Oriente marchamos en la misma dirección, por un mundo sin guerras, sin dictaduras…  pero, de pronto, se dio cuenta que hablaba a la verdeda, que Belén se fue. Al llegar al Politeama se encontró, nuevamente solo, con las baldosas rotas.

Hace exactamente cien años, Isidor Saar, dirigente de Poaleí Tzión  Smol (“Obreros de Sión de Izquierda”, movimiento sionista socialista) participó del Quinto Congreso del Komintern, la Internacional de partidos comunistas. El cónclave, celebrado en Moscú, estuvo marcado por la convocatoria de León Trotski a una revolución socialista mundial, que abarque a todos los continentes.   Pero, la negativa de Poalei Tzión a renunciar al derecho del pueblo judío a su liberación nacional y de unificación en Palestina, provocó la ira de los congresales y su expulsión de aquella Internacional. En lugar de Poalei Tzión Smol, se admitió como representante de Palestina-Eretz Israel al PKP,”Palestinisher Komunistisher Partei”.

Al retirarse de la sala, Igor, un veterano comunista de Kiev, amigo de Zerubavel y de Nir -fundadores del Poalei Tzión Smol- interpeló a Isidor: no seas tan terco, no pretendas que el internacionalismo proletario reconozca a. la utopía sionista. Igor sujetó a Isidor por la manga de su sobretodo, tratando de retenerlo, pero Isidor, con el rostro rojo de indignación, se apresuró a salir. Afuera, la  nieve cubría la acera. Isidor buscó la estación del tranvía.  Necesitaba beber algo caliente. Pensó viajar a la calle Myasnitka, a la Casa del Te o a otra cantina con samovar, pero decidió cruzar y tomar el tranvía en dirección opuesta, hacia la estación de tren de la Plaza Komsomol, para encontrar alguna vía inicial de un prolongado regreso a Palestina.

Esperó un largo rato, la mirada clavada en unas baldosas rotas cubiertas de nieve, hasta que divisó al tranvía con la leyenda Ambas Direcciones.

 

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