HOMENAJE

Despidiendo a Ruben Saferstein

Nos ha dejado un hombre íntegro y de bien, hijo, esposo, padre, amigo, rabino, maestro, guía y tanto más. Siempre buscó la paz entre los suyos y entre todos los que se le acercaban, siempre esmerado por hacer de este mundo un mundo mejor, soñó y siempre apostó por una comunidad mejor, más humana, más justa y preocupada por lo trascendente.
Por Enrique Grinberg

«¿Quién es el hombre que desea vida,
Que desea muchos días para ver el bien?
Guarda tu lengua del mal,
Y tus labios de hablar engaño.
Apártate del mal, y haz el bien;
Busca la paz, y síguela.»
Fragmento de Tehilim-Salmo 34.

Podría elegir muchas frases de nuestras fuentes que hablan sobre el carácter de lo que se pretende de un judío, de una persona recta, de una persona con valores. Elegí este fragmento que tiene una melodía muy bella también para homenajear a un querido amigo qué partió del mundo terrenal pero que no se fue, seguirá obrando desde el mundo espiritual desde donde se encuentre.
El Rabino Ruben Saferstein (Z”L), con quien tuve el espacio compartir espacio formales y no formales, es un ejemplo de humildad y grandeza a la vez. Como un pastor adoptaba a cada oveja que se cruzaba frente a él, la escuchaba, la miraba, la reconocía y la hacía parte de su ganado. Tenía una memoria prodigiosa y se acordaba de [email protected] porque en sus ojos se reflejaba el alma íntima de las personas y quedaban grabadas en él de manera indeleble. No sumaba ovejas en su rebaño para poseerlas o incrementar el número, sino que acercaba una a una para generosamente alimentarla, para cuidarla, para guiarla, para brindarle la palabra justa y cálida en los momentos difíciles y en los momentos alegres celebrar sus alegrías. Una buena persona, un Mentchn es la mejor y más precisa definición de lo que él fue en vida y que nos deja en el recuerdo Rubén.
Deseó muchos días de vida y por eso luchó con valentía contra una maldita enfermedad, en asimetría, muchas veces en desventaja y en la adversidad.
Su lengua, como menciona el fragmento que cité, siempre pronunció la palabra justa, la palabra que acompaña, la palabra que cura, la palabra que abraza, la palabra que alienta, la palabra que enseña, la palabra que construye, la palabra que consuela y la palabra que regocija. De sus labios siempre salieron bendiciones desde el amor, desde la pasión, desde su vocación de servicio y su amor por el prójimo la cual desarrolló con honor y ahincó.
Hombre íntegro y de bien, hijo, esposo, padre, amigo, Rabino, maestro, guía y tanto más. Siempre buscó la paz entre los suyos y entre todos los que se le acercaban, siempre esmerado por hacer de este mundo un mundo mejor, soñó y siempre apostó por una comunidad mejor, más humana, más justa y preocupada por lo trascendente. Siempre siguió su camino con convencimiento, aquel que lo movilizó en su vocación rabínica, en su vínculo con su feligresía, en los lugares que le tocó desempeñarse como líder religioso, como maestro y amigo. Por suerte, palabras similares se las pude decir en vida con afecto y no son solo un Esped.

Querido Ruben Saferstein siempre nos iluminaste y ahora tu memoria brilla y nos ilumina hasta el infinito. Iehi Zijró Baruj, tu memoria es bendita y nos bendice desde donde estés.