Our Boys y el valor de incomodar

"En una industria audiovisual global que, en la actualidad, se caracteriza por su pretensión de entregar productos ligeros, políticamente correctos y que no molesten a ningún colectivo, Our Boys se destaca por incomodar, por molestar".
Por Leo Aquiba Senderovsky *

Quienes estén suscriptos al contenido on demand de HBO pueden (y deben) acercarse a una de las mejores y más incómodas producciones de la TV israelí de los últimos tiempos. Nos referimos a la serie Our boys, estrenada en 2019 y que, en una única temporada de diez capítulos, se centra en los hechos acontecidos en Israel en 2014, luego del secuestro y asesinato de tres adolescentes judíos, Eyal Yifrach, Naftali Frenkel y Gilad Shaar, por parte de terroristas de Hamás.
El hecho conmocionó a la opinión pública mundial y generó una escalada de violencia, que derivó en el conflicto bélico producido en Gaza en aquel año (la llamada “Operación Margen Protector”). Sin embargo, la serie no se centra en estos tres crímenes, sino en su consecuencia directa: el secuestro y asesinato de un chico palestino, Mohammed Abu Khdeir, perpetrado por tres judíos ultraortodoxos, y su correspondiente investigación.
Una de las columnas vertebrales de la trama es un ficticio agente del Shin Bet, interpretado por Shlomi Elkabetz (actor y hermano de la multipremiada y desaparecida actriz Ronit Elkabetz, con quien escribió y dirigió la trilogía de películas cuyo desenlace es la exitosa “Gett: El divorcio de Viviane Amsalem”). Este agente, en su búsqueda de justicia, llega a ser considerado un traidor por su propio pueblo, al empatizar con los padres del chico palestino asesinado.
Los otros personajes que estructuran el relato son los padres de Mohammed y el más joven -y más atribulado- de los tres secuestradores del chico, que en la serie recibe el nombre de Avishay Elbaz, pero en la realidad su nombre nunca se hizo público, ya que era menor de edad al momento de participar de este crimen. La interpretación de Adam Gabay de este adolescente ortodoxo acomplejado es, por lejos, la más sorprendente de toda la serie.

Pese a su enorme factura (es una coproducción de HBO y Keshet) y a tener nombres relevantes delante y detrás de cámara, Our Boys tuvo una polémica recepción en Israel. Por un lado, Netanyahu la llamó “antisemita” e instó a los israelíes a hacerle un boicot y no mirarla, y sectores afines al gobierno atacaron su equiparación del terrorismo islámico, subrepticiamente descripto en la serie, con los crímenes cometidos por judíos ortodoxos extremistas. Por el otro, sectores de izquierda y grupos palestinos condenaron la mirada complaciente del Shin Bet y de los órganos de justicia de Israel, alegando una mirada de superioridad moral sobre los funcionarios israelíes, y el no poner el foco en los asentamientos en Gaza y Cisjordania, o en las políticas de Netanyahu que derivaron en esta escalada de violencia.
Está claro que la serie no sólo no pretende conformar a todas las posturas, una pretensión que resultaría imposible de llevar a cabo, sino que se encolumna en su desinterés por complacer a propios y a extraños.
Al poner el foco en el crimen de Mohammed, en lugar del mucho más difundido homicidio de los tres chicos judíos, la serie se centra en cuestionar la violencia ejercida por civiles judíos en respuesta a crímenes terroristas islámicos.
El “ojo por ojo”, que constituye la base del discurso de odio de ciertos grupos ultraortodoxos, es para la serie una consecuencia de la respuesta agresiva del gobierno israelí a la violencia de Hamás, pero, a su vez, es rápidamente condenado por las propias instituciones de gobierno, como un modo de silenciar lo que este discurso institucional provoca.

Our Boys es una suerte de reverso discursivo de la exitosísima Fauda. Mientras que Fauda establece una línea muy clara entre héroes y villanos, condenando duramente el terrorismo islámico, Our Boys se detiene en juzgar la violencia ejercida por ultraortodoxos, “lobos solitarios” que actúan como vengadores del terrorismo islámico.
Los tres secuestradores de Mohammed siguen la línea de un extremismo judío ortodoxo, extendido a lo largo de la historia del Estado de Israel, con agrupaciones como Brit HaKanahim, Maljut Israel, Jewish Underground, Lehava, Sikrikim o los grupos herederos del discurso del rabino Meir Kahane: Kaj, Kahane Jai o Terror Neged Terror (TNT). Todas estas expresiones han sido prohibidas o reprimidas por los gobiernos de turno de Israel y han tenido consecuencias funestas, desde atentados a la población palestina, hasta el asesinato de Itzjak Rabin, cometido por Yigal Amir, un “lobo solitario” ortodoxo, igual que los asesinos de Mohammed.
Es cierto que no es equiparable la respuesta, tanto del gobierno como de la sociedad civil, a estas acciones, que representan una afrenta vergonzosa a los ojos de una sociedad democrática, mientras que los terroristas de Hamás son vitoreados cual mártires del pueblo palestino. Pero la serie no busca ahondar en el origen del terrorismo islámico, sino en cómo justamente una sociedad democrática, con instituciones fuertes y que se ufana de su propia institucionalidad frente a sus vecinos, genera en su seno expresiones tan violentas como el terrorismo que condena y del cual es víctima permanente.
Our Boys busca desde el origen esa equiparación. Detrás de esta serie hay tres realizadores. Por un lado, dos israelíes de renombre: Hagai Levi, uno de los creadores del drama televisivo BeTipul, reversionado en varios países como In treatment o En terapia; y Joseph Cedar, el cineasta israelí con mayor proyección internacional en la actualidad. El tercero es el cineasta palestino Tawfik Abu Wael. Este dato no es menor, ya que muestra la necesidad de una mirada a ambos lados del conflicto.
Su título también refleja esta misma pretensión. La elección de la palabra “our” (nuestros), hace alusión a los tres adolescentes judíos asesinados por terroristas, pero también a Mohammed y a los tres jóvenes judíos que lo secuestraron, poniendo en el mismo lugar a víctimas y victimarios, todos ellos presas de un enfrentamiento que los excede y los empuja al odio.
De todas formas, en el centro del relato, la serie pone en el lugar de víctima al chico palestino y a sus padres, un punto de vista muy extendido en el cine israelí que copa los festivales internacionales y que es habitualmente cuestionado puertas adentro.
A esta mirada le suma una representación algo condescendiente, aunque ambigua, de las instituciones israelíes. El Shin Bet y la justicia israelí se apresuran en resolver la investigación por el asesinato de Mohammed, buscando la condena inmediata de sus asesinos, aun siendo estos judíos. Sin embargo, no dejan de ser instituciones israelíes al servicio de su sociedad, criticadas por los palestinos por manejar una suerte de doble vara legal, al demoler las casas de los terroristas palestinos pero no la de los asesinos de Mohammed.

¿Puede ser condenada una serie porque su punto de vista omite ciertos elementos que, inevitablemente, entran en la ecuación?
Está claro que la serie no niega los asentamientos ni el terrorismo islámico. Simplemente, toma todos esos elementos como sobreentendidos en un relato que no pretende establecer una mirada global sobre el conflicto israelo-palestino, sino que, en el marco de un drama extremadamente potente, refleja cómo la violencia sólo genera más violencia en todos los sectores de la sociedad. Una espiral de la que es imposible salir.
En una industria audiovisual global que, en la actualidad, se caracteriza por su pretensión de entregar productos ligeros, políticamente correctos y que no molesten a ningún colectivo, Our Boys se destaca por incomodar, por molestar. Desde su focalización narrativa hasta su condescendiente mirada institucional, todo produce incomodidad.
Pero lejos está de buscar la provocación por la provocación misma. La incomodidad que despierta es producto de narrar un episodio doloroso y urticante para la sociedad israelí, de la manera más honesta y humana posible.

* Profesor y crítico de cine, dicta encuentros de judaísmo en cine y tv en instituciones y grupos privados.
www.leosenderovsky.com.ar  – FB: encuentrosdecineytv  – IG: @cinejudio – TW: @cinejudio

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