Judaísmo y victimización

Hacer girar el judaísmo en torno al victimismo como núcleo central de su razón de ser tiene un significado profundamente conservador. No se trata de negar una historia de persecuciones ni el Holocausto, sino de retomar la palabra y el texto, la música y el humor para volver a asumir un ideal libertario.
Por Eduardo Wolovelsky

Muchos libros se han escrito sobre cómo combatir el mal,
sobre la naturaleza del bien y del mal.
Pero lo más triste de todo esto es lo siguiente,
y es un hecho indiscutible: cada vez que asistimos
al amanecer de un bien eterno
que nunca será vencido por el mal,
ese mismo mal que es eterno
y que nunca será vencido por el bien,
cada vez que asistimos a ese amanecer
mueren niños y ancianos, corre la sangre.
Vasili Grossman, Vida y Destino

Uno de los movimientos ideológicos más significativos del mundo contemporáneo nos ha llevado desde el deseo del acto libertario, aquel que nos obliga a no permanecer en el lugar de víctima, a la idealización por persistir bajo la voz de mando de la opresión como única forma de reclamo y protesta social. Por doloroso y paradojal que esto pueda ser, este hecho se ha cristalizado como uno de los principales modos en los que el judaísmo no religioso referencia su filiación. Encuentra su santo grial en la prolongación de la condición de víctima desde donde, quienes terminan por asumir esta identidad, pueden desplegar su protesta ideológica y su realización cultural y pueden hacerlo bajo la singular posición de ser expertos, por padecer el antisemitismo y otras formas de discriminación. Al pretender iluminar al mundo sobre tales cuestiones, ese mismo judaísmo siente que debe empuñar el escudo de la noble casta a la que pertenecen los defensores del bien. Escudo que, finamente ornamentado, esconde, tal como lo advierte Vasili Grossman, una peligrosa y filosa espada. Contra esta perspectiva de representar el bien bajo el ala protectora del victimismo es que vale considerar, por la posibilidad que tiene para inspirar otros compromisos, las palabras de Tzvetan Todorov:

He decidido mezclar con esta reflexión sobre el bien y el mal políticos del siglo, el recuerdo de algunos destinos individuales (…). No es que los hombres y mujeres de los que hablaré sean por completo distintos de los demás. No son héroes ni santos, ni siquiera “justos”; son individuos falibles, como usted y yo. Sin embargo, todos siguieron un itinerario dramático; todos sufrieron en sus carnes y, al mismo tiempo, intentaron depositar en sus escritos el fruto de su experiencia. Obligados a ver de cerca el mal totalitario, se revelaron más lúcidos que la media y gracias, tanto a su talento como a su elocuencia, han sabido transmitirnos lo que habían aprendido, (y aquí lo importante) sin por ello convertirse en perentorios aleccionadores.(1)

Es claro que el ser víctima no es razón para renunciar a la opción libertaria, por el contrario es el fundamento para sostenerla incluso al precio de la derrota. No es posible pensar que los combatientes del Gueto de Varsovia imaginasen que podían triunfar, pero no por ello renunciaron a la batalla contra sus victimarios. Tal como lo escribí alguna vez en relación con la decisión de Janusz Korczak de acompañar a los niños a la cámara de gas, la vida se salva mientras se vive, unos minutos, algunos meses, decenas de años, el tiempo que fuese. No se puede desear el lugar de víctima para poder constituirse en un “perentorio aleccionador” incuestionable.
Para comprender el significado profundamente conservador que tiene el hacer girar el judaísmo en torno al victimismo como núcleo central de su razón de ser, por mucho que se imagine que de esta forma se pelea contra las fuerzas reaccionarias, hemos de desviarnos brevemente de nuestro tema para abrevar en otro problema, también urgente, y que porta ciertas similitudes con el que estamos tratando. Sin embargo, su universalismo le da una mayor e inestimable fuerza pedagógica y hace más inteligible toda la cuestión. Discutiendo sobre la deriva de algunas formas del feminismo, Marta Lamas sostiene en su libro Acoso que:

… algunas feministas latinoamericanas que han asumido la postura de las dominance feminists (feminismo radical) exigen penas más severas contra los hombres. Esto reorienta los objetivos políticos del feminismo con vista a endurecer la política pública, lo cual coincide con pautas punitivas más generales y propias de la dinámica neoliberal. (…). Además de fortalecer un paradigma político conservador sobre el género y la sexualidad, el uso creciente del discurso sobre la mujer víctima es un elemento clave del proceso en el que la lucha feminista contra la violencia hacia las mujeres se ha vuelto funcional para el neoliberalismo y su política carcelaria. (…) el discurso feminista que declara que en todas partes, todo el tiempo, hay violencia y abuso sexual por parte de los hombres, no solo se equivoca al perfilar a todos los hombres como sospechosos y a todas las mujeres como víctimas potenciales, sino que además le hace el juego a la política conservadora.(2)

El último párrafo parece coincidir en su perspectiva con la imagen que Ayn Rand, ligada al más duro capitalismo, le ha dado a lo humano, según la cual lo que lo caracteriza es un egoísmo y un individualismo profundos. No en vano Ayn Rand ha resurgido en estos tiempos.
Remitirse al judaísmo como si su constitución básica estuviese vinculada al estado de persecución; referenciarlo de manera privilegiada en la condición de víctima y suponer que esa condición ofrece alguna forma de lucidez sobre la opresión, no solo es una perspectiva conservadora, es una encerrona cultural, un camino sin salida, una mirada que solo deja abierto el futuro del judaísmo a lo más reaccionario de algunos sectores religiosos. No se trata de imaginar que estamos negando el antisemitismo ni el Holocausto ni ninguna de las dramáticas persecuciones y matanzas que se han dado a lo largo de la historia, lo que sí estamos afirmando es que el judaísmo laico se ha anclado en el lugar, en la necesidad de ser víctima, para definir su perspectiva identitaria y sostener desde allí una singular forma de legitimidad que le permita el reclamo social.
Pero además es perentorio abandonar esta insistencia en el victimismo porque la principal amenaza al judaísmo no está ni en el antisemitismo ni en otras formas de segregacionismo sino en el propio judaísmo, en los sectores religiosos fundamentalistas y racistas que promueven toda forma de intolerancia y que cuando deben hacerlo, para justificarse, saben ampararse en la condición de “víctima” ¿Cuál es hoy la mayor amenaza en Israel? La de transformarse en un Estado teocrático, que no es, a las claras, el tan mentado peligro externo. Pero, ¿hay acaso alguna perspectiva diferente? La vieja idea de León Dujovne de pensar al judaísmo como cultura, con su herencia de pensadores, escritos e historias y el enfoque del ensayo Los judíos y las palabras, de Amos Oz y Fania Oz-Salzberger pueden abrir una perspectiva. Según Amos y Fania Oz, padre e hija:

La continuidad judía ha girado siempre alrededor de palabras pronunciadas y escritas, de un laberinto de interpretaciones, debates y desacuerdos en constante expansión, así como de un singular marco de relaciones humanas (…). La nuestra no es una línea de sangre sino una línea de texto. Encierra un sentido tangible el hecho de que Abraham y Sara, rabí Yojanán, Glikl de Hamelín, y los presentes autores, pertenezcan todos ellos al mismo árbol genealógico.(3)

Tal vez debamos recuperar un debate en torno a la historia, aquella en la que hay textos, música, vínculos, humor incluso durante las más dramáticas horas opresivas. Hemos dejado en manos de grupos fundamentalistas libros como el Tanaj (Biblia) y el Talmud, para que hagan con esas grandes creaciones literarias sus pastiches interpretativos. Tal vez sea hora de recuperarlos. Tal vez debamos retomar la palabra y el texto que el judaísmo laico, heredero de Spinoza, parece haber perdido en su resignación victimista y en su negativa a asumir el ideal libertario. Si debemos vagar cuarenta años por el desierto para lograrlo, hagámoslo. Puede que Billy Crystal tuviera razón cuando le pidieron que defina fiesta judía: trataron de matarnos, no pudieron, ¡a comer!

1. Todorov, T. (2002) Memoria del mal, tentación del bien, Barcelona: Península.
2. Lamas, M. (2018) Acoso. ¿Denuncia legítima o victimización? México: Fondo de Cultura Económica.
3. Oz, A., Oz-Salzberger, F. (2015) Los judíos y las palabras, Madrid: Siruela.

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