América Latina y el virus

Presentamos el análisis de Bernardo Kliksberg, realizado para Nueva Sion, acerca de la situación en la que se encuentra la región latinoamericana para enfrentar la pandemia del coronavirus
Por Bernardo Kliksberg

La región se percibe vulnerable frente a la pandemia mundial. En el 2019, el Producto Bruto Interno (PBI) solo aumentó un 0.1%. El 31%, 191 millones, es pobre. En los últimos 6 años la pobreza y la pobreza extrema aumentaron sensiblemente. La desigualdad, causa central de la pobreza, fue reforzada por las políticas aplicadas en diversos países, y es la mayor del orbe. Se estima que el PBI bajará en el 2020 en un 2.7%. Los países deberían enfrentar el virus aplicando a fondo las políticas que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS), y han resultado exitosas en China, Taiwán, Singapur, y Corea del Sur. Entre ellas prevenir la propagación del virus mediante el aislamiento social, la evitación del contacto físico, educar a toda la población en prácticas higiénicas como el lavado de las manos con agua y jabón, desinfectar superficies en donde pueda posarse el virus, dejar los zapatos fuera de la casa, usar guantes, y otras. Un riesgo muy importante en la situación de la región es que una buena parte de los pobres viven en viviendas precarias hacinados, como favelas, villas miserias, y otras formas marginales. Son verdaderos “polvorines” de contagio. Debe haber políticas protectoras en gran escala.

La prevención debe complementarse reforzando totalmente los sistemas hospitalarios. Debe garantizarse el acceso de toda la población a salud pública.

Todo esto significa costos económicos muy importantes en el corto plazo, pero lo que espera la gran mayoría de los ciudadanos de los Gobiernos, es que privilegien hoy la salud sobre la economía para defender la vida.

En los tres países mayores en población ha habido respuestas disímiles. La OMS y la OPS han expresado públicamente que consideran a la Argentina la experiencia ejemplar a seguir. Pese a sus dificultades económicas, su Presidente concertó a casi todas las fuerzas políticas y sociales para llevar adelante rigurosamente el aislamiento social, y las otras políticas antes mencionadas. El aislamiento es obligatorio, no respetarlo tiene penas, los sistemas hospitalarios y de protección han sido fortalecidos. La sociedad civil está apoyando masivamente las políticas, y aportando un gran caudal de voluntarios Entre otras expresiones, toda la población hace un alto diario para aplaudir a los trabajadores de la salud, que están arriesgando sus vidas. La solidaridad ha tomado múltiples formas. La sociedad confía en el liderazgo presidencial que tiene un apoyo récord en las encuestas.

En México, hubo indecisiones al inicio en el alto nivel presidencial, según explicó por el temor al agravamiento de la pobreza, que representa el 50% de la población. Pero hoy está alineada totalmente con las recomendaciones de la OMS.

The New York Times (26/3), retrata hipercríticamente como en Brasil la conducta “negacionista” del problema de Bolsonaro está dañando a sus 200 millones de habitantes. El Presidente dice que lo que hay es una “histeria” colectiva alimentada por los medios, y sus opositores, llama a actos públicos, se ríe del aislamiento social, estrecha las manos, a pesar que varios de sus colaboradores han contraído el virus. La comunidad golpea las cacerolas todas las noches pidiendo su destitución, y gobernadores y alcaldes de le oponen frontalmente.

Ya la Biblia proclama la defensa de la vida y la salud como las mayores prioridades. Se impone en una América Latina seriamente amenazada por el virus, enfrentarlo con vigorosas políticas públicas, movilización de la sociedad civil, y redoblar la solidaridad con los más débiles.

 

(*)      Asesor de diversos organismos internacionales. [email protected]