¿Meterá miedo el módulo lunar israelí a los globos incendiarios palestinos y a los antisemitas europeos?

Mientras deseamos mucho éxito al módulo lunar que Israel lanzó desde Cabo Cañaveral, los palestinos de Gaza no cesaban de lanzar globos incendiarios a poblados del Neguev septentrional. Muy probablemente el módulo Bereshit aterrizará sobre la superficie lunar exitosamente el 11 de abril; sin embargo, hasta entonces grandes racimos de globo de Gaza volverán a aterrizar en campos y poblados del consejo regional Eshkol.
Por Leonardo Senkman, desde Jerusalén

Globos y nave espacial muestran la sideral distancia que separa a la potencia balística espacial israelí del precario cotillón blindado palestino que, en su última ‘proeza’ bélica, exhibió un presunto artefacto explosivo del que colgaba un modelo de avión no tripulado (dron) “made in Gaza”. Otra reciente prueba de su capacidad ofensiva fue recogida por los medios luego que un globo sospechoso sobrevolaba cerca del jardín de infantes en Amigan, pero que agentes de la Brigada de Explosivos de la Policía descubrieron se trataba de un globo ordinario inofensivo.
Los habitantes israelíes que lindan con esa franja donde fueron confinados dos millones de habitantes acusados de terroristas, probablemente no logren contener la irresistible curiosidad de otear rastros del módulo lunar en su primera órbita elíptica de la tierra. La nave espacial fue bautizada con el genésico nombre “Bereshit”, y apenas pesa 585 kilos y mide 1,5 metros. Luego de girar en la órbita geo-estacionaria, viajará alrededor del globo terráqueo durante siete semanas hasta alcanzar la velocidad necesaria para su encuentro con el satélite indio de comunicaciones Nusantara Satu. No me sorprenderá que excitados israelíes oteasen alguna que otra huella del Bereshit sin temer que aterricen roces de cotillón en el show de bombas de colores que los palestinos suelen lanzar como si fuesen fuegos artificiales. En cambio, me sorprendería hasta la estupefacción que algunos jóvenes israelíes disconformes se inspiren, de modo similar a la iniciativa de tres jóvenes que en 2010 se registraron para el concurso lunar XPRIZE de Google, y pergeñen un proyecto terrestre capaz de dar solución al conflicto con la Franja de Gaza, situada apenas dos-tres kilómetros de distancia.
Pero no me sorprendería en absoluto que en abril los israelíes dejen de temer totalmente a globos incendiarios o condones llenados con gas helio en el Consejo Regional Eshkol: toda la nación hebrea va a celebrar el éxito de “la primera misión privada a la Luna”, y casi todos los israelíes han de desvariar con la ilusoria sensación de ser invencibles, tanto en el espacio interestelar como en Medio Oriente.
El legítimo orgullo patriótico porque el pequeño paisito hebreo haya logrado lanzar exitosamente la “primera misión privada” a la Luna, y realizado el “primer viaje espacial de la historia sufragado enteramente por donaciones”, temo que muy velozmente se trastoque en arrogancia israelí frente a sus enemigos.
Muy peligrosa sería tal petulancia en el imaginario colectivo si el alunizaje de Bereshit el 11 de abril ensoberbeciera a los israelíes, sean cuales fuesen los resultados de las elecciones nacionales dos días antes. Y casi seguro que durante Pesaj numerosos entre ellos celebrarán en el Seder no el valor de la libertad sino el culto a la seguridad y el triunfo de ser la cuarta potencia espacial de llegar a la luna.

Abril caliente y aglomerado
En el próximo abril todo se aglomera y solapa en Israel: coincidencia del primer año de las multitudinarias e ininterrumpidas Marchas del Retorno de palestinos desde Gaza, las elecciones nacionales, Pesaj, y, especialmente, la proeza del alunizaje israelí, gracias a SpaceIL, entidad privada que, junto con la Industria Aeroespacial de Israel (IAI), se hizo cargo del proyecto Bereshit, financiado por judíos millonarios.
Imagino que el manager ejecutivo de SpaceIL orgullosamente ampliará en abril lo que acaba de revelar en conferencia de prensa: “También somos la primera misión lunar en utilizar lanzamientos comerciales”. Pero para que no quepa dudas de que el alunizaje solo persigue objetivos comerciales, Yonatan Winetraub, ingeniero electrónico y uno de los fundadores de SpaceIL, recordó recientemente que Bereshit lleva una cápsula del tiempo “con archivos digitales del tamaño de una moneda, el nombre de los primeros cinco libros de la Torá, dibujos hechos por escolares israelíes, una copia del himno nacional y una bandera de Israel”.
Una pena que el Bereshit no haya llevado grabado a la luna algún versículo de Isaías con imágenes de paz y reconciliación.
Pero tampoco me sorprende el olvido de Isaías: hace tiempo que la mayoría de los israelíes no recuerdan aquellas promesas de los profetas a Israel como una tierra prometida a la paz. En cambio, muchos preferirán ilusionarse de que la fantástica victoria espacial israelí atemorizará aún más a sus enemigos, convenciéndolos de que Israel es invencible, y, en consecuencia, ha llegado el momento de rendirse ante la evidencia de su potencia militar en tierra, mar, aire y, ahora, también espacial.
Altanera y peligrosa ilusión, simétrica a la de quienes en la diáspora se ilusionan con que el antisemitismo camuflado de antisionismo podría desaparecer cuando Israel se transforme completamente en potencia espartana que inspira temor y admiración por su fuerza: falsa ilusión que prefiere desentenderse de los motivos por los cuales las políticas del Estado sionista suscitan odio y estigmatización.
Esta arrogante ilusión lamentablemente se nutre de usinas gubernamentales israelíes que procuran, a todo precio, neutralizar las críticas internacionales a irresponsables políticas de seguridad, además de condenar el status quo en los territorios palestinos ocupados.

El resurgimiento del antisemitismo, ¿se reduce al antisionismo?
Reciente expresión de similar ilusión ha sido la presión de la oficina del Primer Ministro para que el presidente Macron acepte la interpretación israelí de que los ataques antisemitas en Francia son resultado del antisionismo. “De nuevo el antisemitismo mata en Francia”, deploró Emmanuel Macron, así como reconoció durante la cena anual del Consejo Representativo de Instituciones Judías en Francia (CRIF) el “resurgimiento del antisemitismo indudablemente inédito desde la Segunda Guerra Mundial” en Europa y en las democracias occidentales. Para combatir este fenómeno confirmó el mandatario galo ante su audiencia que Francia adoptará oficialmente la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional de Rememoración del Holocausto, la cual incluye el antisionismo como una de sus expresiones. Pero no por casualidad la información sobre tal intención del presidente Macron fue comunicada horas antes por la Oficina del Primer Ministro de Israel, asegurando “que Macron había prometido a Benjamín Netanyahu tomar esta decisión durante una llamada telefónica que ambos sostuvieron hoy”. (“BFMTV” el 18.2 ppdo.).
Iluso quien confía que de adoptarse una más amplia definición del antisemitismo en clave de antisionismo capaz de criminalizar no sólo a la judeofobia sino también a críticos de las políticas de ocupación militar israelí, se habrían de evitar nuevos estallidos de la “cuestión judía” en calles de París. De modo similar a esa otra ilusión israelí de que solamente la potencia militar y espacial del Estado sionista terminaría con la “cuestión palestina”.
Luego que Alain Finkielkraut fuera injuriado de palabra por un integrista islámico salafista y amenazado físicamente en una reciente manifestación de “los chalecos amarillos” en París, el filósofo judeo-francés conceptualizó lúcidamente el nuevo antisemitismo como antirracismo. Entrevistado en “BFMTV” el 18.2 ppdo., insistió que, en contra de lo que sostienen algunos, el ataque antisemita sufrido no es ilustrativo de un retorno del fascismo de los años 1930, que “está muerto”, sino que a los judíos ahora se les reprocha, en primer lugar, ser “racistas” por el conflicto de Israel con los palestinos. Pero a diferencia de quienes pretenden enmascarar de antisemitismo toda crítica a Israel, Finkielkraut capta muy bien de que “el antisemitismo de hoy se ha convertido en un antirracismo. Y que existe una fracción mínima, pero muy activa, que practica la incitación al odio antirracista contra los judíos”.
Indudablemente, un argumento alimentado por el odio político que, muy a pesar nuestro, será utilizado también desde ahora contra “la potencia espacial”, después del éxito israelí en llegar a la luna, pero sin voluntad alguna de levantar el bloqueo a Gaza.