El Israel de Bibi en el nuevo (des)orden internacional

En su reciente artículo de opinión titulado agresivamente Brit Abirionim (Pacto de matones), el profesor Shlomó Avineri hace una crítica sagaz del impacto en el orden internacional de los actos de “incivilidad anti democrática” y bravuconadas del presidente Trump. Al final, Avineri escribe que, a pesar de las actuales tendencias en la arena internacional, afortunadamente Israel no forma parte de la asociación de gamberros “entre los presidentes Trump, Duterte y Bolsonaro”; advierte a Israel que sería mejor que guardase distancia del príncipe heredero de Arabia Saudita, y que cese de otorgarles “cerificado de Kashrut judía” a regímenes nacionalistas de derecha en Polonia y Hungría. Sin embargo, Avineri (Haaretz, 30.11.18) olvida puntualizar que el gobierno de derechas de Netanyahu usufructúa este nuevo des-orden internacional en tránsito (vaya uno saber a dónde), en el cual su aliado estratégico norteamericano viene trepanando el orden anterior, pero sin propuesta alguna para reemplazarlo.
Por Leonardo Senkman , desde Jerusalén

¿Alianza con Arabia Saudita?
Más que el estancado proceso de paz con los palestinos, la orientación de los votantes israelíes en las próximas elecciones seguramente ha de estar influenciada por esta incertidumbre en la transición desquiciada del anterior orden mundial hacia otro muy turbulento, especialmente en Medio Oriente. La mayoría de la ciudadanía israelí había sido hostil al orden internacional anterior, cuando Obama fue garante del acuerdo nuclear firmado tras arduas negociaciones en 2015 entre Irán y cinco potencias mundiales -Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania-.
El pulso de gran parte de la opinión pública israelí muestra falta de preocupación de que Bibi intente abanderar a Israel a fungir de vanguardia logística y discursiva de Trump para aliarse con Arabia Saudita y los emiratos del Golfo, paso necesario al lanzamiento de una irresponsable aventura bélica contra Irán. La reciente decisión de Trump de exculpar a Arabia Saudita por el crimen del opositor Jamal Kashoggi, alegando que hacer la vista gorda ayudaría a preservar “la seguridad israelí”, es un cínico ejemplo de quienes procuran beneficiarse del actual (des)orden mundial, también el gobierno de Netanyahu.
Sin tapujos, el presidente norteamericano declaró hace pocos días: “Without Saudi Arabia, Israel will be in great trouble”.
Pero tal como correctamente critica Ron Ben Ishai (Ynet, 29.11.18), es falso que Israel necesitase de Arabia Saudita para sentirse más seguro. Al proclamar que la seguridad israelí es una prioridad más alta que el compromiso estadounidense tradicional de respetar el derecho internacional, los valores morales y los derechos humanos, Trump necesita justificar su cruzada contra Irán y blanquear al príncipe Muhammad bin Salman.
No extraña, pues, que la opinión pública israelí “comprenda” por qué Bibi aseguró que debía preservarse la alianza tácita con Arabia Saudita. Luego de varias semanas de silencio, no por acaso, Netanyahu dijo lo siguiente en la cumbre de Craiova de estados balcánicos: “Lo que sucedió en el consulado de Estambul fue terrible y debería tratarse debidamente. Sin embargo, al mismo tiempo que lo digo, es muy importante para la estabilidad del mundo y para la región que Arabia Saudita permanezca estable” (Uri Bollag, The Jerusalem Post, 2.11.2018).

Obviamente, a Netanyahu no le importa que la estabilidad saudita sea preservada por el príncipe Muhammad, violador de los derechos humanos y genocida en Yemen: su interés es que el heredero de la monarquía absoluta wahabita esté dispuesto a permitir que la aviación israelí, cuando reciba la orden, lance ataques desde su territorio contra Irán. Pero tampoco a la opinión pública israelí le interesa oír las criticas de lúcidas voces norteamericanas a la alianza USA y la monarquía de Riad , de boca del ex Secretario de Estado, James Parker.
“Los vínculos estrechos con la Casa de Saud conllevan costos estratégicos además de los costos morales de blanquear las fechorías de un régimen asesino. No olvidemos que el apoyo de los Estados Unidos al régimen saudí fue una de las principales afrentas que Osama bin Laden esgrimió para lanzar el terrorismo contra USA. La guerra en Yemen, donde las fuerzas sauditas han usado armas de fabricación estadounidense para cometer actos de barbarie contra civiles, solo socavará la seguridad de los Estados Unidos al alimentar el tipo de sentimiento antinorteamericano que motivó a diecinueve secuestradores, quince de ellos saudíes, para perpetrar los ataques atroces del 9/11 (Rosemary A. Kelanic, “Rather than an asset, Riyadh has become a liability”, The National Interest, 28,11,10).
La retórica de Trump retroalimenta el discurso belicista de Netanyahu para tranquilizar a su coalición gubernamental y a la opinión pública israelí a fin de “sentirse más seguros” después de las declaraciones paternalistas del presidente norteamericano.

¿Quién gana en el actual (des) Orden Mundial?
En este nuevo y convulso (des)orden mundial que Trump intenta imponer a escala mundial, Bibi pretende convencer a sus conciudadanos que Israel esta “ganando” para mejor defender sus intereses geoestratégicos que ambos líderes propalan en Medio Oriente, como si la alianza entre Arabia Saudita e Israel por compartir un común enemigo a muerte del Islam sunnita y del Estado sionista, fuese tan simple como hacerle caso al refrán popular “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Bibi aparece en los medios como el pescador ganador, invicto winner que busca sacar provecho del actual des-orden regional, tanto en el plano militar como en el geoeconómico global.
En el plano militar, el periodista Akiva Eldar acaba de denunciar que Netanyahu aspira a seguir construyendo su diplomacia con países islámicos e, inclusive , países árabes moderados, mediante venta de armas y/ o a cambio de tercerizar sus buenos servicios ante USA para que regímenes sangrientos como Sudán consiga apoyo de Trump.
Un articulo de investigación, basado en un centenar de fuentes confiables en 15 países (Haaretz ,19 de octubre 2018), revela que varios dictadores en el mundo utilizan el software espía israelí como arma cibernética para monitorear a sus rivales políticos y a activistas de derechos humanos. En palabras de Netanyahu en una reciente declaración: “Cada semana vemos la implementación de nuestro concepto de cultivar la fuerza económica-tecnológica junto con la fuerza de la inteligencia de seguridad para recibir la fuerza político-diplomática”.
El triunfal comunicado de la oficina del Primer Ministro durante la reciente visita de Netanyahu a Omán, y una previa en julio 2017 a la Budapest del líder antiliberal Viktor Orbán, así como la entusiasta recepción oficial ofrecida a los presidentes de Chad y la República Checa en Jerusalén, ilustran para Akiva Eldar las habilidades excepcionales diplomáticas de Netanyahu: por un lado, congelar toda negociación política con la Autoridad Palestina a fin de perpetuar medio siglo de ocupación; pero, por el otro, cultivar vínculos diplomáticos con líderes de regímenes autocráticos antiliberales de Europa Central y Oriental, para romper el boicot del mundo árabe-musulmán (Akiva Eldar. Al Monitor, 29.11.18).
Asimismo, en el plano económico de la actual transición del viejo a un Nuevo Orden mundial donde Trump procura que las relaciones bilaterales de empresas multinacionales se desvinculen de toda regulación conforme a previos acuerdos multilaterales, también el pescador Netanyahu procura sacar provecho de la des-estatización de la economía, la inestabilidad y la turbulencia en los mercados actuales.
Una reciente información económica y de seguridad patentiza la tendencia a la des -estatización de empresas estratégicas israelíes.
“Israel ha finalizado la venta de la empresa estatal IMI Systems, fabricante de la icónica ametralladora Uzi, a la firma multinacional israeli de defensa Elbit Systems por unos $ 495 millones. El gobierno de Netaniahu inició en 2013 el proceso de privatización de IMI Systems, anteriormente conocido como Israel Military Industries. El primer ministro israelí dio la bienvenida a la conclusión del acuerdo: “Hoy estamos al final de un largo e importante proceso que comenzó hace varios años”, dijo. “La venta de IMI a Elbit facilitará el avance de la industria de defensa israelí, aprovechará las capacidades tecnológicas de Israel y aumentará las exportaciones de defensa”. Por su parte, el CEO de Elbit, Bezhalel Machlis, dijo que “la sinergia entre las capacidades de las dos compañías y el posicionamiento global de Elbit Systems nos permitirá realizar el potencial de las tecnologías de IMI en el ámbito internacional” ( Al Monitor, 25.11.18, A.F.P, “Israel finalizes sale of Uzi-maker IMI Systems”).
En la mencionada cumbre en Craiova de países balcánicos, donde Israel fue el primer país fuera de la región en ser invitado, Netaniahu mantuvo reuniones bilaterales para negociar asuntos de interés económico, político y de seguridad. Al primer ministro rumano, Viorica Dăncilă, le propuso formas de aumentar oportunidades de comercio e inversión, así como incrementar la cooperación en materia de tecnología, energía y otros asuntos bilaterales como la seguridad. Netaniahu le dijo a Dăncilă que: “Israel protege a Europa al prevenir docenas de ataques terroristas en su suelo”. Cuando felicitó a Dăncilă por la actual presidencia de Rumania de la Unión Europea, le solicito su ayuda “para cambiar la posición de la UE sobre Israel a una más favorable”, aludiendo a su diplomacia de forjar sub alianzas a fin de debilitar “la política hostil e hipócrita” de Bruselas hacia el Estado judío.
Netanyahu y el Primer Ministro de Grecia, Alexis Tsipras, hablaron sobre la ampliación de su cooperación bilateral en varias áreas, con énfasis en el proyecto de gasoducto East-Med para exportar gas a Europa, tema central en las conversaciones para armar también una alianza con Grecia, Bulgaria y Serbia.
Al concluir las respectivas reuniones bilaterales, el discurso de Netanyahu en la sesión plenaria condensaba a ambos planos de inserción israelí en el Nuevo orden mundial: el económico y el de seguridad: “Estoy aquí en la cumbre de cuatro países: Bulgaria, Grecia, Serbia y Rumania. Esta es la primera vez que invitan a un líder fuera de estos cuatro países a participar en su cumbre. Este es un gran honor para Israel y refleja el estado creciente de Israel en el mundo. (…) Cada uno de los líderes me ha dicho individualmente que tratarán de mejorar su consideración de Israel en los votos pertinentes tanto en la Unión Europea como en la ONU”, dijo Netanyahu. Y agregó que “Todos quieren promover el gasoducto desde Leviatán (en aguas territoriales israelíes) a Europa y los Balcanes. También están muy interesados en el gas israelí y la tecnología israelí, y les gustaría mucho la amistad de Israel” ( The Jerusalem Post, 2.11.18).

Bolsonaro y Netanyahu:¿ hacia una nueva sub alianza?
Indudablemente, estas sub -alianzas que procura forjar Netanyahu en ciertas zonas inestables del mundo polarizado y de alta conflictividad, también se acercan rápidamente a América Latina para aprovechar ventajas del nuevo orden mundial.
El consejero de seguridad nacional John Bolton, en su escala en Rio de Janeiro para reunirse con Jair Bolsonaro (el Trump latinoamericano) , marcó de alguna manera los nuevos vientos que soplan en América Latina, part6icularmente el intenso acercamiento Brasil y Estados Unidos. A partir del prometido traslado de la embajada brasileña a Jerusalén, el espectacular vuelco de las relaciones exteriores de Brasilia habrán de beneficiar a la Israel de Bibi.
Asimismo, Netanyahu confirmó que asistirá el 1 de enero a la ceremonia de asunción presidencial de Bolsonaro, siendo la primera figura mundial que lo hace. Por su parte, el futuro presidente brasileño confirmó que no ha de retractarse de su declaración de trasladar desde Tel Aviv la embajada de su país, a pesar que por el momento se especula con el antecedente checo: abrir un “ escritório de negócios em Jerusalén” (Folha de Sao Paulo, 30.11.18).
Un inesperado regalo del cielo sudamericano, completamente impensable para Netanyahu hace pocos meses. Porque no olvidemos que el Brasil de Lula fue el primer país latinoamericanos en votar el 29 de noviembre de 2012, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, a favor de la resolución 67/19 que otorga a Palestina el estatus de “Estado observador no-miembro”. Pero ya antes, en 2004, Brasil abrió su Oficina de Representação en Ramallá. Y en diciembre de 2010, ese Brasil de Lula reconoció además a Palestina como Estado dentro de las fronteras de junio 1967, incluida Jerusalén Oriental.
¿Cómo maniobrará Bolsonaro para dar marcha atrás a esta rueda de la historia, desquiciando las otroras ecuánimes relaciones brasileras con Tel Aviv y Ramallah?